epimeteo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Este romance consta de 232 versos (creo) que he fraccionado en cuatro partes para no cansar al lector. Si se me permite y no sufro contratiempos los publicaré en cuatro días consecutivos.
Hoy se llama senderismo
lo que antes era paseo
y aun sirviendo de recreo
¿no se trata de los mismo?
Tanta ignorancia supina
es mi mayor pedigrí
si ustedes me lo permiten
lo voy a exponer aquí.
Una mañana cualquiera
con calor del mes de Abril
con cuatro o cinco archiperres
al campo me dirigí
apenas sin darme cuenta,
por ser del despiste afín,
camino, otrora de cabras,
casualmente descubrí.
Seguí resuelto la ruta,
porque así lo decidí,
en busca de la aventura
que del Quijote aprendí.
En una mata en el suelo,
que por pino pretendí,
un ave negro cantaba,
parecióme un colibrí;
era un pájaro muy grande,
nada de pitiminí.
Tumbéme sobre la hierba
con intención de dormir
pero cerrando los ojos
pronto los tuve que abrir,
pues esa bestia salvaje
con su pico de marfil
picando estaba mis ojos
con enorme frenesí.
Levantándome de un salto
salí huyendo de allí.
Pensé para mis adentros,
(harto difícil en mí,
que pensar es gran esfuerzo
del que debo rehüir):
“que un colibrí agresivo
no puede ser colibrí”.
Seguí adelante el camino
y al momento percibí
el murmullo de las fuentes,
su cadencioso flüir.
¡Que deliciosa armonía!
¡que belleza en mi sentir!
pero que olor tan extraño
con mi olfato percibí,
descubriendo que eran aguas
de las de no seducir;
se trataba de fecales
en las que los pies metí.
Saltando cual cabra loca
traté del charco salir
y aunque no estoy en edad
mi aspecto es muy juvenil. Continuará...............
Hoy se llama senderismo
lo que antes era paseo
y aun sirviendo de recreo
¿no se trata de los mismo?
Tanta ignorancia supina
es mi mayor pedigrí
si ustedes me lo permiten
lo voy a exponer aquí.
Una mañana cualquiera
con calor del mes de Abril
con cuatro o cinco archiperres
al campo me dirigí
apenas sin darme cuenta,
por ser del despiste afín,
camino, otrora de cabras,
casualmente descubrí.
Seguí resuelto la ruta,
porque así lo decidí,
en busca de la aventura
que del Quijote aprendí.
En una mata en el suelo,
que por pino pretendí,
un ave negro cantaba,
parecióme un colibrí;
era un pájaro muy grande,
nada de pitiminí.
Tumbéme sobre la hierba
con intención de dormir
pero cerrando los ojos
pronto los tuve que abrir,
pues esa bestia salvaje
con su pico de marfil
picando estaba mis ojos
con enorme frenesí.
Levantándome de un salto
salí huyendo de allí.
Pensé para mis adentros,
(harto difícil en mí,
que pensar es gran esfuerzo
del que debo rehüir):
“que un colibrí agresivo
no puede ser colibrí”.
Seguí adelante el camino
y al momento percibí
el murmullo de las fuentes,
su cadencioso flüir.
¡Que deliciosa armonía!
¡que belleza en mi sentir!
pero que olor tan extraño
con mi olfato percibí,
descubriendo que eran aguas
de las de no seducir;
se trataba de fecales
en las que los pies metí.
Saltando cual cabra loca
traté del charco salir
y aunque no estoy en edad
mi aspecto es muy juvenil. Continuará...............
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