abcd
Poeta adicto al portal
Hay un femenino temblor en mis manos,
que nace del alma y se refleja en la nariz, en las pestañas, en cualquier insignificancia de mi ser.
¿Ven lo que soy cuando le pienso? Un motor de luz.
Señores; Lirios y azucenas crecen de mis cenizas luego de nombrar a María,
el cielo es un brote psicótico del amor
no, no, no, en la nubes su rostro húmedo,
su bello dolor sin ciencia ni religión que lo comprenda es alegría y redención,
en el viento la delectación de su voz, lenta, tranquila, pausada.
La palma de su vientre, jardín exótico de inmarcesibles pasiones,
el anillo del lunar de sol que es su ombligo respira el humo de una ciudad perdida
y devuelve poesía,
como el sonido de una campana, es inexplicable su mirada de aurora tibia al despertar.
Tan humildes van sus anacaradas sonrisas
que se imantan al celo de oraciones hermosas:
Yo te pienso, no estás sola; yo te quiero, no estás sola; yo te amo, no estoy solo.
Piedad susurran sus labios, la boca de su boca roza el celeste, el magenta, el azul, el morado,
los colores nacen de la boca de su boca.
Es profunda hasta al pronunciar palabras vacías de lirismo,
como una perla que germina perlas,
como un charco de pétalos de rosas que generan fiebre y adicción.
Su vuelo, su nostalgia por no herir lo que la hiere,
su escudo de arena que es un tiempo sin besos ni perdones,
su velo transparente contra los gatos azules,
su terca elegancia para brotar dentro mío y pedirme un verso
cuando el verso ya había nacido y brillaba en su costilla izquierda...
que nace del alma y se refleja en la nariz, en las pestañas, en cualquier insignificancia de mi ser.
¿Ven lo que soy cuando le pienso? Un motor de luz.
Señores; Lirios y azucenas crecen de mis cenizas luego de nombrar a María,
el cielo es un brote psicótico del amor
no, no, no, en la nubes su rostro húmedo,
su bello dolor sin ciencia ni religión que lo comprenda es alegría y redención,
en el viento la delectación de su voz, lenta, tranquila, pausada.
La palma de su vientre, jardín exótico de inmarcesibles pasiones,
el anillo del lunar de sol que es su ombligo respira el humo de una ciudad perdida
y devuelve poesía,
como el sonido de una campana, es inexplicable su mirada de aurora tibia al despertar.
Tan humildes van sus anacaradas sonrisas
que se imantan al celo de oraciones hermosas:
Yo te pienso, no estás sola; yo te quiero, no estás sola; yo te amo, no estoy solo.
Piedad susurran sus labios, la boca de su boca roza el celeste, el magenta, el azul, el morado,
los colores nacen de la boca de su boca.
Es profunda hasta al pronunciar palabras vacías de lirismo,
como una perla que germina perlas,
como un charco de pétalos de rosas que generan fiebre y adicción.
Su vuelo, su nostalgia por no herir lo que la hiere,
su escudo de arena que es un tiempo sin besos ni perdones,
su velo transparente contra los gatos azules,
su terca elegancia para brotar dentro mío y pedirme un verso
cuando el verso ya había nacido y brillaba en su costilla izquierda...