Diagnóstico: incertidumbre

Marla

Poeta fiel al portal
Se acercaba la hora.

Habías visualizado una y mil veces ese instante crucial
en tu mente.
Te protegiste a conciencia,
desempolvando del arcón de los recuerdos
el disfraz de una sonrisa
como de media luna desvaída,
el paracaídas de almibarados instantes compartidos,
viejos sueños
en pie de guerra
que atenuarían la conciencia
de tu desnudez.
La muleta
de dos o tres frases hechas
con las que camuflar
la indefensión.

Tras una escueta y silenciosa plegaria a los cielos,
estabas preparado (lo creías de veras)
cuando alguien te llamó por tu nombre.

Al fin se abrió una puerta
blanca
como la inocencia.
La sangre aceleró sus embates
contra el acantilado de tus venas,
intuyendo que las palabras más temibles casi siempre fluyen
dulcemente.
Y te sentaste en la metálica silla de un austero despacho
a esperar la sentencia final.
Cataratas de frases apenas comprensibles
caían en cascada de su ronca garganta.

-¿Diagnóstico, doctor?
- Incertidumbre.

De pronto lo supiste:
un camino arduo, intrincando, solitario, te conduciría a la batalla final
contra la temible fiera
del destino.
 
Última edición:
Ante ciertas sentencias nunca estamos preparados. Es imposible.

Yo recuerdo una de hace más de siete años, y todavía no lo he asumido o asimilado, nunca sé qué cuál es la válida. Aunque en este caso como que da igual qué palabra sea.

Que respeto dan esos pasillos, y las puertas y las batas blancas. Y los doctores y el olor a medicina y a enfermedad.

Me ha gustado el poema.

Abrazos.
 
Se acercaba la hora.

Habías visualizado una y mil veces ese instante crucial
en tu mente.
Te protegiste a conciencia,
desempolvando del arcón de los recuerdos
el disfraz de una sonrisa
como de media luna desvaída,
el paracaídas de almibarados instantes compartidos,
viejos sueños
en pie de guerra
que atenuarían la conciencia
de tu desnudez.
La muleta
de dos o tres frases hechas
con las que camuflar
la indefensión.

Tras una escueta y silenciosa plegaria a los cielos,
estabas preparado (lo creías de veras)
cuando alguien te llamó por tu nombre.

Al fin se abrió una puerta
blanca
como la inocencia.
La sangre aceleró sus embates
contra el acantilado de tus venas,
intuyendo que las palabras más temibles casi siempre fluyen
dulcemente.
Y te sentaste en la metálica silla de un austero despacho
a esperar la sentencia final.
Cataratas de frases apenas comprensibles
caían en cascada de su ronca garganta.

-¿Diagnóstico, doctor?
- Incertidumbre
.

De pronto lo supiste:
un camino arduo, intrincando, solitario, te conduciría a la batalla final
contra la temible fiera
del destino.


Reconozco mi "incondicionalidad", da igual lo que escribas, siempre tiene calidad. Aquí el tema es de gran dureza ante una situación que cualquiera puede vivir, de hecho la he vivido recientemente como testigo y la incertidumbre se hizo certeza y la vida se esfumó...

El modo en el que presentas ese instante en una vida es, francamente magnífico. ¡Felicidades !

Un abrazo,

Palmira
 
Ante ciertas sentencias nunca estamos preparados. Es imposible.

Yo recuerdo una de hace más de siete años, y todavía no lo he asumido o asimilado, nunca sé qué cuál es la válida. Aunque en este caso como que da igual qué palabra sea.

Que respeto dan esos pasillos, y las puertas y las batas blancas. Y los doctores y el olor a medicina y a enfermedad.

Me ha gustado el poema.

Abrazos.

Sí, dan respeto, Antonia. Y eso que yo trabajo en ese entorno y ya estoy más que acostumbrada. Pero cuando eres acompañante o paciente cambia totalmente la perspectiva...

Gracias por tu huella. Me alegra que te haya gustado.

Un abrazo.
 
Reconozco mi "incondicionalidad", da igual lo que escribas, siempre tiene calidad. Aquí el tema es de gran dureza ante una situación que cualquiera puede vivir, de hecho la he vivido recientemente como testigo y la incertidumbre se hizo certeza y la vida se esfumó...

El modo en el que presentas ese instante en una vida es, francamente magnífico. ¡Felicidades !

Un abrazo,

Palmira

Mil gracias por tu incondicional apoyo, Palmira. Me alegra encontrar tu amable huella, amiga.

Un abrazo.
 
Última edición:
A lo mejor, como decían nuestros padres y abuelos, lo mejor es no ir nunca al médico ;). Muy bueno, querida amiga. Mis felicitaciones y abrazo.
 
A lo mejor, como decían nuestros padres y abuelos, lo mejor es no ir nunca al médico ;). Muy bueno, querida amiga. Mis felicitaciones y abrazo.

Sí, Luis, eso es lo mejor. Pero tarde o temprano, hay situaciones que no desearíamos y afectan en nuestro entorno más próximo. Mira que yo trabajo en un entorno hospitalario, pero el enfoque cambia cuanto la enfermedad nos toca de cerca. Una de estas situaciones me inspiró este poema.
Gracias por tu visita y comentario, querido amigo. Me alegra que te haya gustado.

Un gran abrazo.
 
Un poema que sobre todo a partir de ciertas edades se puede hacer muy real, ¡toquemos madera!. Un placer volver a leer este excelente poema, Rosa. Abrazos, amiga.
 

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