Es el tiempo fuera del tiempo
cuando la noche tiende los manteles para acoger a sus predilectos
Tú y yo
(pero...¿quien eres tú hoy?)
(¿quien soy yo?)
sentados en el terraplén que se desliza sereno hacia la melancolía.
Damos la espalda a la ciudad que se abochorna de sus ruidos
Una ciudad colgada de los sentimientos
de millones de gentes que aborrecen la ciudad
Una ciudad cuadrangular
con sus desagües oblongos
Una ciudad apenas iluminada por los reflejos de la sangre derramada
Una ciudad dormida
dormitando
devorada por sus propias pesadillas
o simplemente callada
recogida en el silencio regalado por su pasado
que trata de igualar a su futuro.
¿Será el silencio difunto
esa virtud que no tiene las ciudades ni los pueblos?
Sobre el terraplén deslizante
tú y yo
(pero...¿quien eres tú hoy?)
(¿quien soy yo?)
admiramos la lozanía del vuelo de los murciélagos
o la gentil gallardía del vendedor ambulante
La noche que nunca llega nos acoge
y nosotros la ayudamos a extender sus viejos manteles
Tras nosotros el alegre coro de los cadáveres insepultos
entonan las aleluyas
que cantaron cuando eran niños
Ellos no están invitados pero están felices
y cantan.
Cierra la noche sus cancelas conventuales
y las palmeras del jardín inclinan sumisas
sus penachos que son logaritmos
Respira la ciudad sus vahos de recién nacido
entreteje las sustancias almizcleras
con las que nos obsequiará enseguida
No es hora ya de dormir
y sin embargo todo duerme alrededor.
Oh, sale la luna, mi amor
mantecosa aparición tras el parterre de rosas
Debe de ser noche cerrada
anunciada ya por los guardas forestales
y la luna ha de registrar su paso
como buena funcionaria.
Los ingenieros de sonido emiten desgarradores lamentos
desde altavoces y fuentes decorativas
Todo está ya casi a punto
menos nosotros
tú y yo
que aún ignoramos quienes somos
y a qué hemos venido
No a este parque silencioso
sino a cumplir la misión que alguien al crearnos nos impuso.
¿Tú recuerdas la misión?
Tal vez sea la de asesinarme
o puede que sea yo quien deba de asesinarte a ti.
No se.
Habremos de regresar a la nebulosa matriz
quizás nos cambien en lluvia
o cromos repetidos que hacen felices a los niños
y a las crías de chimpancés
No se
tú y yo
ignoraremos a qué hemos venido
esa es la felicidad prometida.
Ilust.: “El Jardín de las Delicias”. (fragmento) El Bosco
cuando la noche tiende los manteles para acoger a sus predilectos
Tú y yo
(pero...¿quien eres tú hoy?)
(¿quien soy yo?)
sentados en el terraplén que se desliza sereno hacia la melancolía.
Damos la espalda a la ciudad que se abochorna de sus ruidos
Una ciudad colgada de los sentimientos
de millones de gentes que aborrecen la ciudad
Una ciudad cuadrangular
con sus desagües oblongos
Una ciudad apenas iluminada por los reflejos de la sangre derramada
Una ciudad dormida
dormitando
devorada por sus propias pesadillas
o simplemente callada
recogida en el silencio regalado por su pasado
que trata de igualar a su futuro.
¿Será el silencio difunto
esa virtud que no tiene las ciudades ni los pueblos?
Sobre el terraplén deslizante
tú y yo
(pero...¿quien eres tú hoy?)
(¿quien soy yo?)
admiramos la lozanía del vuelo de los murciélagos
o la gentil gallardía del vendedor ambulante
La noche que nunca llega nos acoge
y nosotros la ayudamos a extender sus viejos manteles
Tras nosotros el alegre coro de los cadáveres insepultos
entonan las aleluyas
que cantaron cuando eran niños
Ellos no están invitados pero están felices
y cantan.
Cierra la noche sus cancelas conventuales
y las palmeras del jardín inclinan sumisas
sus penachos que son logaritmos
Respira la ciudad sus vahos de recién nacido
entreteje las sustancias almizcleras
con las que nos obsequiará enseguida
No es hora ya de dormir
y sin embargo todo duerme alrededor.
Oh, sale la luna, mi amor
mantecosa aparición tras el parterre de rosas
Debe de ser noche cerrada
anunciada ya por los guardas forestales
y la luna ha de registrar su paso
como buena funcionaria.
Los ingenieros de sonido emiten desgarradores lamentos
desde altavoces y fuentes decorativas
Todo está ya casi a punto
menos nosotros
tú y yo
que aún ignoramos quienes somos
y a qué hemos venido
No a este parque silencioso
sino a cumplir la misión que alguien al crearnos nos impuso.
¿Tú recuerdas la misión?
Tal vez sea la de asesinarme
o puede que sea yo quien deba de asesinarte a ti.
No se.
Habremos de regresar a la nebulosa matriz
quizás nos cambien en lluvia
o cromos repetidos que hacen felices a los niños
y a las crías de chimpancés
No se
tú y yo
ignoraremos a qué hemos venido
esa es la felicidad prometida.
Ilust.: “El Jardín de las Delicias”. (fragmento) El Bosco