lesmo
Poeta veterano en el portal
Doce rosas
Era entonces la fría madrugada
que tendía en nosotros su misterio,
sin dormir, esa noche congelada,
te ofrecí mi gozoso cautiverio
Llegó con su mirada tiritando,
llevando entre sus manos temblorosas
manojos –parecían ir gritando
de pasión encendida–, y eran rosas.
Sus pétalos rojísimos hablaban
con su tacto, remedo de las sedas,
y de pronto también multiplicaban
el valor que tenían mis monedas.
Doce rosas te dieron de mi parte
enlazadas y unidas en un ramo,
y sentí tu alegría, al regalarte,
que llegó con tan ínfimo reclamo.
Te dije: –No prolongues su agonía,
que mueran esparcidas en tu lecho,
que la vida que tienen todavía
te la dan al ser tuya por derecho.
Al dormirte, con ellas en la cama,
te acordaste de mi cariño loco,
y pensaste: –De tanto que me ama
estas rosas se mueren poco a poco.
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