herbert
Poeta recién llegado
¿Dónde inicia el amor?
¿En una mirada tímida
que huye y regresa en un segundo,
o en un silencio torpe
que sonríe sin saber por qué?
¿Será en un tartamudeo inesperado,
en las manos que no saben dónde quedarse,
en un saludo repetido de más,
o en el nervio de olvidar lo que se iba a decir?
¿En una risa que se escapa sin permiso,
en el rubor que sube al rostro,
en un “hola” que tiembla en la voz,
o en el gesto pequeño que parece enorme?
Tal vez en la mirada discreta
que observa sin querer ser descubierta,
en la palabra mal acomodada,
en el paso lento para alargar el camino,
o en el corazón que corre más rápido que los pies.
El amor quizá no comience con grandes promesas,
sino con esas minucias invisibles,
esas torpezas dulces,
que sin anunciarse
abren la primera puerta del alma.
¿En una mirada tímida
que huye y regresa en un segundo,
o en un silencio torpe
que sonríe sin saber por qué?
¿Será en un tartamudeo inesperado,
en las manos que no saben dónde quedarse,
en un saludo repetido de más,
o en el nervio de olvidar lo que se iba a decir?
¿En una risa que se escapa sin permiso,
en el rubor que sube al rostro,
en un “hola” que tiembla en la voz,
o en el gesto pequeño que parece enorme?
Tal vez en la mirada discreta
que observa sin querer ser descubierta,
en la palabra mal acomodada,
en el paso lento para alargar el camino,
o en el corazón que corre más rápido que los pies.
El amor quizá no comience con grandes promesas,
sino con esas minucias invisibles,
esas torpezas dulces,
que sin anunciarse
abren la primera puerta del alma.