Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
En el cielo bordas nubes con hilos de plata fina,
un ángel que desde arriba teje consuelo y rutina.
Cada estrella en tu cielo, un beso que aún resplandece,
en las noches más oscuras, tu luz nunca desfallece.
Madre mía, madre etérea, tus alas cubren mi andar,
en cada paso que doy, siento tu celestial mirar.
En la tierra otra guerrera con manos de primavera,
madre de abrazos que anidan, en mi corazón se espera.
Tu risa es la melodía que el viento gusta llevar,
y en cada nota que escucho, es tu amor a susurrar.
Madre mía, madre tierna, de tus ojos nace el día,
eres la fuerza y la calma en la tormenta y la alegría.
Entre las nubes te veo, reflejada en el rocío,
madre que en el cielo habita, tu recuerdo es mi alivio.
Y aquí, tocando la tierra, tus manos levantan mi vuelo,
con el amor más terreno, me guardas bajo tu cielo.
Dos amores, dos misterios, en mi vida has dividido,
una luz entre las estrellas, otra en el camino mío.
Así en cada amanecer, y en cada anochecer,
una me guía en sueños, la otra me ve crecer.
Tú, mi ángel, que bordas paz en mi alma estremecida,
y tú, mi tierra, que formas la base de mi vida.
A ambas os debo el ser, a una por cielo, a otra por suelo,
cada una en su esencia, completando mi anhelo.
A una canto en mis rezos, a otra en mi poesía,
madre del cielo y tierra, en ambas mi amor se anida.
Por siempre entre dos luces, mi corazón balanceado,
a ti, madre que me cuidas, y a ti, madre que he abrazado.
un ángel que desde arriba teje consuelo y rutina.
Cada estrella en tu cielo, un beso que aún resplandece,
en las noches más oscuras, tu luz nunca desfallece.
Madre mía, madre etérea, tus alas cubren mi andar,
en cada paso que doy, siento tu celestial mirar.
En la tierra otra guerrera con manos de primavera,
madre de abrazos que anidan, en mi corazón se espera.
Tu risa es la melodía que el viento gusta llevar,
y en cada nota que escucho, es tu amor a susurrar.
Madre mía, madre tierna, de tus ojos nace el día,
eres la fuerza y la calma en la tormenta y la alegría.
Entre las nubes te veo, reflejada en el rocío,
madre que en el cielo habita, tu recuerdo es mi alivio.
Y aquí, tocando la tierra, tus manos levantan mi vuelo,
con el amor más terreno, me guardas bajo tu cielo.
Dos amores, dos misterios, en mi vida has dividido,
una luz entre las estrellas, otra en el camino mío.
Así en cada amanecer, y en cada anochecer,
una me guía en sueños, la otra me ve crecer.
Tú, mi ángel, que bordas paz en mi alma estremecida,
y tú, mi tierra, que formas la base de mi vida.
A ambas os debo el ser, a una por cielo, a otra por suelo,
cada una en su esencia, completando mi anhelo.
A una canto en mis rezos, a otra en mi poesía,
madre del cielo y tierra, en ambas mi amor se anida.
Por siempre entre dos luces, mi corazón balanceado,
a ti, madre que me cuidas, y a ti, madre que he abrazado.