Antonio J. Martín
Poeta fiel al portal
Mi bastón me acompaña
y en mis andares se nota
el paso del tiempo,
pero todas las mañanas
acudo sin faltar
a mi banco de siempre
en la plaza del pueblo.
Me saludan mis vecinos,
algunos son antiguos
y doy fe de que existen,
son signos de vida,
reparten su amistad
desde tiempos lejanos.
De cerca se escuchan
las ruidosas campanas,
el cura y la misa
y unos cuantos a rezar.
El sol acaricia
mi viejo rostro
y cuerpo desgastado
pero la arboleda me protege
bajo su capa de hojas.
Observo a la gente
sentado en mi banco
y de vez en cuando medito
de forma intermitente.
Aviso a mis ojos
a través de mis oídos
y doy pie al pensamiento
de lo que veo y escucho
en mi apacible vida,
la de todos los días.
Aquí no existe el caos
ni impaciencias que perduren,
tan solo sencillez,
la calma y el perdón,
ganado con el tiempo
pero sin honores
ni falta que hace.
En mis tiempos de mozalbete:
las cumbres, eran llanuras,
los huracanes, eran brisa,
los mares, charcas de agua
y ahora, soy lo que soy...
un libro de la vida.
Soy tataranieto de otros
que estuvieron por aquí,
si algún día falto
a mi cita diaria,
otros llegarán
a dar vida a mi plaza,
a mi banco,
a mi lugar de siempre.
y en mis andares se nota
el paso del tiempo,
pero todas las mañanas
acudo sin faltar
a mi banco de siempre
en la plaza del pueblo.
Me saludan mis vecinos,
algunos son antiguos
y doy fe de que existen,
son signos de vida,
reparten su amistad
desde tiempos lejanos.
De cerca se escuchan
las ruidosas campanas,
el cura y la misa
y unos cuantos a rezar.
El sol acaricia
mi viejo rostro
y cuerpo desgastado
pero la arboleda me protege
bajo su capa de hojas.
Observo a la gente
sentado en mi banco
y de vez en cuando medito
de forma intermitente.
Aviso a mis ojos
a través de mis oídos
y doy pie al pensamiento
de lo que veo y escucho
en mi apacible vida,
la de todos los días.
Aquí no existe el caos
ni impaciencias que perduren,
tan solo sencillez,
la calma y el perdón,
ganado con el tiempo
pero sin honores
ni falta que hace.
En mis tiempos de mozalbete:
las cumbres, eran llanuras,
los huracanes, eran brisa,
los mares, charcas de agua
y ahora, soy lo que soy...
un libro de la vida.
Soy tataranieto de otros
que estuvieron por aquí,
si algún día falto
a mi cita diaria,
otros llegarán
a dar vida a mi plaza,
a mi banco,
a mi lugar de siempre.