C
Cova Solus
Invitado
La más grande sorpresa de este mundo,
me llevé sin dudar aquella tarde,
en el inmenso tálamo de arena.
Fue un encuentro cercano junto al agua
con ovales ojazos color cielo,
de extraño ser con humanoide rostro.
Rara calma emanaba de su rostro,
un ser seguramente de otro mundo,
que descender no pude ver del cielo,
porque al girar mi testa ya era tarde,
obviando la proximidad del agua,
asombrado estudiábame en la arena.
En ese instante reveló la arena,
del universo el verdadero rostro,
como insignificante gota de agua,
entre galaxias late nuestro mundo.
La verdad se hará luz temprano o tarde,
no somos exclusivos bajo el cielo.
Y dieron fe los cúmulos del cielo
de un diálogo fantástico en la arena,
que desbordó de magia aquella tarde.
-¿Qué es eso que refleja así mi rostro,
de lo que adolecemos en mi mundo?
-Hidrógeno y oxígeno, es el agua,
motor bendito de esta vida el agua,
si no hay azul no hay verde bajo el cielo.
-¿Qué es esto, que tampoco hay en mi mundo?
- Son rocas disgregadas, es la arena.
La gratitud se dibujó en su rostro
y dijo -debo irme ya es muy tarde.
Dos novios disfrutaban de la tarde
y un tibio beso se miró en el agua,
- te explicaré… ¡se iluminó su rostro!
exclamando, abducido desde el cielo,
-no hace falta, lo que pasó en la arena
es amor simplemente en nuestro mundo.
Perlas de agua salada por mi rostro,
en el cielo estertores de la tarde
y en la arena una huella de otro mundo.
lenguaje universal!! es lo que llega en tu poema amigo, un gustaso pasar Miguel