El altar de la negación

León_es

...no soy poeta, solo escribo...

Se levantan muros con piedras de plegaria,

un contrafuerte ciego ante el espejo,

donde la herencia, otrora necesaria,

se vuelve un eco amargo y un reflejo.


Hay un cortocircuito en la mirada:

el lazo familiar se vuelve grieta,

y la hermandad, de pronto transformada,

es una página en blanco... y secreta.


Se predica paz con el puño cerrado,

buscando en textos luz para su sombra,

el odio es un intruso disfrazado

que habita el templo y que nadie nombra.


Para no ver la grieta en su estructura,

prefieren el delirio a la humildad,

la mente inventa una nueva armadura

que llama "fe" a su propia crueldad.


El fanatismo es un filtro de escarcha,

un "nosotros" feroz, puro y distante,

que corta el puente y acelera la marcha

lejos del rostro del hijo o del amante.


El muro, no es de piedra, es de concepto,

el olvido, una poda de la historia,

la fe, un pretexto, un decreto,

que borra la empatía de la memoria.


Qué triste es el altar que se levanta

negando la raíz que lo sostiene,

la voz que reza pero no decanta,


es un corazón que odia, no se detiene.
 
Última edición:

Se levantan muros con piedras de plegaria,

un contrafuerte ciego ante el espejo,

donde la herencia, otrora necesaria,

se vuelve un eco amargo y un reflejo.


Hay un cortocircuito en la mirada:

el lazo familiar se vuelve grieta,

y la hermandad, de pronto transformada,

es una página en blanco... y secreta.


Se predica paz con el puño cerrado,

buscando en textos luz para su sombra,

el odio es un intruso disfrazado

que habita el templo y que nadie nombra.


Para no ver la grieta en su estructura,

prefieren el delirio a la humildad,

la mente inventa una nueva armadura

que llama "fe" a su propia crueldad.


El fanatismo es un filtro de escarcha,

un "nosotros" feroz, puro y distante,

que corta el puente y acelera la marcha

lejos del rostro del hijo o del amante.


El muro, no es de piedra, es de concepto,

el olvido, una poda de la historia,

la fe, un pretexto, un decreto,

que borra la empatía de la memoria.


Qué triste es el altar que se levanta

negando la raíz que lo sostiene,

la voz que reza pero no decanta,


es un corazón que odia, no se detiene.
Me ha gustado su critica hacia el fanatismo y la hipocresía.

Saludos
 

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