El amor se repite sin notarse,
como la marea que siempre vuelve a acariciar la arena,
como el viento donde se apoya el ave cuando vuela,
como el sol que a las hojas alimenta.
No esperes fuegos artificiales.
El amor no ilumina el cielo,
pero sí la hornalla cuando calienta la sopa.
El amor no escribe sonetos,
pero anota en la heladera
que queda poca leche.
Y sin embargo,
en ese gesto pequeño,
el mundo se sostiene.
No es pasión,
no es rutina,
es algo más raro:
un puente invisible
que a nadie le importa
hasta que se cae.
como la marea que siempre vuelve a acariciar la arena,
como el viento donde se apoya el ave cuando vuela,
como el sol que a las hojas alimenta.
No esperes fuegos artificiales.
El amor no ilumina el cielo,
pero sí la hornalla cuando calienta la sopa.
El amor no escribe sonetos,
pero anota en la heladera
que queda poca leche.
Y sin embargo,
en ese gesto pequeño,
el mundo se sostiene.
No es pasión,
no es rutina,
es algo más raro:
un puente invisible
que a nadie le importa
hasta que se cae.