AdotN
Ancellot
No estás.
A mi lado hay una toalla
con la que dormías cómodamente,
la botella con agua que te calentaba
y la ponchera en la que te dejaba.
Yo en el sillón
en el que lloré anoche por tu ausencia.
Sentado mirando arriba de la pared enfrente de mi.
Como cuando te abrigaba
y te dormías en mi pecho desnudo.
Ya no me duele la cabeza.
No puedo dormir
y no se si es culpa de tu cadáver.
Desespero por que no me dejes dormir tú.
Que llores buscando atención.
Que te duermas a mi lado.
Te prometí que no ibas a morir susurrando mientras te veía de cerca y te acariciaba
de arriba a abajo.
Un gesto de consuelo hacia mi porque no me entiendes.
Ni siquiera sabes que te amo.
Quisiera que supieras de el hueco en mi pecho que llegaste a llenar.
Yo quería verte crecer.
La garganta me quema cada que veo un perro que sí vivió y creció.
Tu pudiste haber sido así.
Pienso incontrolablemente siempre.
Yo quería verte
Corriendo,
saltando,
moviéndote.
grande,
fuerte,
vivo.
No sé buscar culpables.
No se sabe nada de tu madre
de la que de seguro tu si sabes.
El alimento que recomendó la veterinaria te jodió el cuerpo.
Yo no sé si te di valor.
Tu cadáver no lo vi bien, no pude, me alejé, lo más que pude.
Tu sangre.
Todavía está en la cobija
en la que dejaste de moverte.
Como la cobija era blanca tu sangre contrastaba
y se notaba aún más.
Casi como una burla.
Moriste lentamente enfrente de mí sin poder moverte bien.
Llorabas, chillabas, abrías la boca, respirabas a duras penas.
No podías tragar.
lo que tragabas lo vomitabas en sangre,
sangre burlona,
humillante.
Yo solo te podía ver para desear que tu sufrimiento fuera poco.
Perdón.
¿Dónde estás amigo?
¿Te acuerdas de mi otra promesa?
Nunca me voy a olvidar de ti.
Te lo prometo.
A mi lado hay una toalla
con la que dormías cómodamente,
la botella con agua que te calentaba
y la ponchera en la que te dejaba.
Yo en el sillón
en el que lloré anoche por tu ausencia.
Sentado mirando arriba de la pared enfrente de mi.
Como cuando te abrigaba
y te dormías en mi pecho desnudo.
Ya no me duele la cabeza.
No puedo dormir
y no se si es culpa de tu cadáver.
Desespero por que no me dejes dormir tú.
Que llores buscando atención.
Que te duermas a mi lado.
Te prometí que no ibas a morir susurrando mientras te veía de cerca y te acariciaba
de arriba a abajo.
Un gesto de consuelo hacia mi porque no me entiendes.
Ni siquiera sabes que te amo.
Quisiera que supieras de el hueco en mi pecho que llegaste a llenar.
Yo quería verte crecer.
La garganta me quema cada que veo un perro que sí vivió y creció.
Tu pudiste haber sido así.
Pienso incontrolablemente siempre.
Yo quería verte
Corriendo,
saltando,
moviéndote.
grande,
fuerte,
vivo.
No sé buscar culpables.
No se sabe nada de tu madre
de la que de seguro tu si sabes.
El alimento que recomendó la veterinaria te jodió el cuerpo.
Yo no sé si te di valor.
Tu cadáver no lo vi bien, no pude, me alejé, lo más que pude.
Tu sangre.
Todavía está en la cobija
en la que dejaste de moverte.
Como la cobija era blanca tu sangre contrastaba
y se notaba aún más.
Casi como una burla.
Moriste lentamente enfrente de mí sin poder moverte bien.
Llorabas, chillabas, abrías la boca, respirabas a duras penas.
No podías tragar.
lo que tragabas lo vomitabas en sangre,
sangre burlona,
humillante.
Yo solo te podía ver para desear que tu sufrimiento fuera poco.
Perdón.
¿Dónde estás amigo?
¿Te acuerdas de mi otra promesa?
Nunca me voy a olvidar de ti.
Te lo prometo.