Évano
Libre, sin dioses.
Por fin dos velas. Fernando ya presumía de adulto.
Inspiró todo el aire posible e iba a soltarlo cuando su padre le tapó la nariz y la boca.
-Todavía no, debes pedir un deseo.
-Papá, me salió por las orejas.
Volvió a tomar aire y a soplar, pidiendo un deseo.
Todos aplaudieron mientras cantaban cumpleaños feliz...
Pero las velas se encendieron otra vez. Y sopló otra vez; y se encendieron otra vez...
-Déjalo ya hijo, ya está bien, no seas pesado, llevas una hora apagando las dichosas velas.
-Es que si no se quedan apagadas mi deseo no se cumplirá.
-¿Y que deseo has pedido hijo?
-Si te lo digo, tampoco se cumplirá.
-Pues escríbelo en este papel.
Y el padre, atónito y meándose de risa, leyó el deseo, que era que las velas no se apagaran nunca.
-Papá, no todos los días se cumplen diez años.
Inspiró todo el aire posible e iba a soltarlo cuando su padre le tapó la nariz y la boca.
-Todavía no, debes pedir un deseo.
-Papá, me salió por las orejas.
Volvió a tomar aire y a soplar, pidiendo un deseo.
Todos aplaudieron mientras cantaban cumpleaños feliz...
Pero las velas se encendieron otra vez. Y sopló otra vez; y se encendieron otra vez...
-Déjalo ya hijo, ya está bien, no seas pesado, llevas una hora apagando las dichosas velas.
-Es que si no se quedan apagadas mi deseo no se cumplirá.
-¿Y que deseo has pedido hijo?
-Si te lo digo, tampoco se cumplirá.
-Pues escríbelo en este papel.
Y el padre, atónito y meándose de risa, leyó el deseo, que era que las velas no se apagaran nunca.
-Papá, no todos los días se cumplen diez años.