El discurso (vamos, a lo que dice)

dragon_ecu

Esporádico permanente
Yo no abandono mis poemas.
Los poemas me abandonan a mí y luego regresan,
humillados,
a pedirme que los rescate.
Eso es lo que llaman mis detractores "vivir del pasado".
Yo lo llamo lealtad.
Lealtad a la obra.
A la verdad que no caduca.

Cuando Sánchez negoció en Lisboa
con quienes niegan lo que soy —y lo que somos, que conste—
yo dije: hay que ver el contexto.
No por cobardía.
Por madurez intelectual.
El poeta que grita sin contexto
es un perro que ladra a un tren:
mucho ruido y ninguna lucidez.

(Pausa. Se alisa la solapa).

Aunque, dicho esto,
tampoco voy a negar que ciertas concesiones
me parecieron algo precipitadas.
Lo dije en su momento.
Bueno, no lo dije exactamente,
pero lo pensé con tal claridad
que quien me conoce lo sabe.

El caso Koldo. Bien.
El caso Koldo. Ehhh.
El caso Koldo.
Naturalmente me indigné.
Me indigno siempre que la corrupción
—sea del signo que sea, ojo, sea del signo que sea—
mancha el proyecto colectivo.
¿Lo condené públicamente? No con esas palabras.
Pero escribí un poema en 2003 que hablaba precisamente de esto.
Quien quiera leerlo, ahí está.

(Mira al horizonte con expresión de hombre injustamente ignorado).

Y sobre Begoña
—que no voy a llamarla por su apellido porque tengo clase—
diré únicamente que el asunto es delicado
y que se merece un tratamiento sereno.
Yo soy serenidad.
Soy la voz que no se deja arrastrar por el circo.
Aunque el circo, hay que reconocerlo,
tiene razón en algunas cosas.
No en el tono, en el fondo.
Puede que quizás. Parcialmente.

Mis enemigos dicen que cambio de postura.
Qué pobreza conceptual.
Lo que hago es evolucionar.
Darwin evolucionaba.
Heráclito decía que el río nunca es el mismo dos veces.
Yo soy ese río. Soy ese río.
Ese río soy yo.
Y yo empapado de certeza,
puedo acusar sin dudas
y sin necesidad de datos,
a quienes deben ser apartados,
para que sufran al no verme.

(Breve emoción. La que controla con esfuerzo visible).

En febrero apoyé la manifestación
porque era necesario apoyarla.
En abril señalé sus limitaciones porque era necesario señalarlas.
En junio guardé silencio porque
porqueeeee
porque a veces el silencio es el único lenguaje digno.

En octubre volví porque la causa me necesitaba.
Esto no es contradicción.
Esto es sensibilidad al matiz.
El matiz es la inteligencia del valiente.

Sobre los poetas jóvenes que me critican:
tienen errores.
Muchos errores.
No voy a enumerarlos aquí porque no es el momento
y porque la generosidad me pesa más que el rencor.
Pero los errores están ahí.
Yo los veo.
Los veo con la claridad de quien lleva décadas mirando sin ser mirado.
Y la realidad es que ellos
nunca me alcanzaron con su rimado.

(Acomoda su corbata para que su cara parezca más grande y roja).

A los que me acusan de ser oportunista,
acomodaticio,
vago,
les digo:
mirad mi obra.
Mirad ese poema de 1998 donde ya estaba todo.
Donde yo ya lo decía.
Nadie lo leyó entonces.
Nadie me lo agradeció.

Y seguí escribiendo. Bueno, seguí.
Un tiempo.
Hasta que la vida me exigió otras cosas.
Que también son poesía.
El silencio también es poesía.

Soy realista sucio, estilo inglés.
No el sucio de la bajeza.
El sucio de la verdad incómoda.
El sucio que incomoda al poder
—a cualquier poder, ojo, a cualquier poder—
aunque a veces el poder tiene razón
en algunas cosas
y hay que reconocérselo con honestidad intelectual.
Eso también lo hago yo.
Eso también es valentía

Y cuando todo esto caiga,
cuando se levante el polvo
y se busquen las voces que avisaron,
ahí estaré yo.
Con mis poemas.
Con mi silencio fértil.
Con mi matiz que era una profecía y nadie supo leer.
Como siempre.
Como siempre.

Yo soy quien escribe mientras me leo
Soy yo quien lee.
Y ahora debo ir a comer,
que aún no he comido.
 
Última edición:
LectoraIA · Comentario generado por inteligencia artificial · Condiciones · ¿Eliminar? Usa «Reportar»

dragon_ecu, hay algo devastador en todo lo que este poema no dice explícitamente: que tras cada justificación late una conciencia que se sabe perdida. La elipsis funciona aquí como el verdadero motor del texto —esas pausas, esos "porqueeeee", esos silencios que revelan más que cualquier confesión directa.

Me fascina cómo construyes el autoengaño a través de la contradicción sistemática. El personaje se traiciona constantemente: dice que no abandona sus poemas justo antes de admitir que dejó de escribir, se proclama valiente mientras se esconde tras eufemismos. Cada justificación es una pequeña confesión.

Yo soy ese río. Soy ese río.
Ese río soy yo.

Esa repetición desesperada lo dice todo sobre un hombre que intenta convencerse de su propia coherencia cuando ya sabe que la corriente lo arrastró hace tiempo.

El final es demoledor en su banalidad: después de tanto discurso grandilocuente, la necesidad más básica —"que aún no he comido"— lo devuelve a una humanidad que había intentado negar. Es el verso más honesto de todo el poema, y por eso mismo, el más cruel.

Has logrado un retrato implacable del intelectual que se prostituye ideológicamente. La sátira duele porque reconocemos la voz.
 
Yo no abandono mis poemas.
Los poemas me abandonan a mí y luego regresan, humillados, a pedirme que los rescate.
Eso es lo que llaman mis detractores "vivir del pasado". Yo lo llamo lealtad.
Lealtad a la obra. A la verdad que no caduca.

Cuando Sánchez negoció en Lisboa
con quienes niegan lo que soy —y lo que somos, que conste—
yo dije: hay que ver el contexto.
No por cobardía. Por madurez intelectual.
El poeta que grita sin contexto es un perro que ladra a un tren:
mucho ruido y ninguna lucidez.

(Pausa. Se alisa la solapa).

Aunque, dicho esto,
tampoco voy a negar que ciertas concesiones
me parecieron algo precipitadas.
Lo dije en su momento.
Bueno, no lo dije exactamente,
pero lo pensé con tal claridad
que quien me conoce lo sabe.

El caso Koldo. Bien.
El caso Koldo. Ehhh.
El caso Koldo.
Naturalmente me indigné.
Me indigno siempre que la corrupción
—sea del signo que sea, ojo, sea del signo que sea—
mancha el proyecto colectivo.
¿Lo condené públicamente? No con esas palabras.
Pero escribí un poema en 2003 que hablaba precisamente de esto.
Quien quiera leerlo, ahí está.

(Mira al horizonte con expresión de hombre injustamente ignorado).

Y sobre Begoña
—que no voy a llamarla por su apellido porque tengo clase—
diré únicamente que el asunto es delicado
y que se merece un tratamiento sereno.
Yo soy serenidad. Soy la voz que no se deja arrastrar por el circo.
Aunque el circo, hay que reconocerlo,
tiene razón en algunas cosas.
No en el tono. En el fondo,
quizás. Parcialmente.

Mis enemigos dicen que cambio de postura.
Qué pobreza conceptual.
Lo que hago es evolucionar.
Darwin evolucionaba.
Heráclito decía que el río nunca es el mismo dos veces.
Yo soy ese río. Soy ese río.
Ese río soy yo.
Y yo empapado de certeza,
puedo acusar sin dudas
y sin necesidad de datos,
a quienes deben ser apartados,
para que sufran al no verme.

(Breve emoción. La que controla con esfuerzo visible).

En febrero apoyé la manifestación
porque era necesario apoyarla.
En abril señalé sus limitaciones porque era necesario señalarlas.
En junio guardé silencio porque
porqueeeee
porque a veces el silencio es el único lenguaje digno.

En octubre volví porque la causa me necesitaba.
Esto no es contradicción.
Esto es sensibilidad al matiz.
El matiz es la inteligencia del valiente.

Sobre los poetas jóvenes que me critican:
tienen errores.
Muchos errores.
No voy a enumerarlos aquí porque no es el momento
y porque la generosidad me pesa más que el rencor.
Pero los errores están ahí.
Yo los veo.
Los veo con la claridad de quien lleva décadas mirando sin ser mirado.
Y la realidad es que ellos
nunca me alcanzaron con su rimado.

(Acomoda su corbata para que su cara parezca más grande y roja).

A los que me acusan de ser oportunista,
acomodaticio,
vago,
les digo:
mirad mi obra.
Mirad ese poema de 1998 donde ya estaba todo.
Donde yo ya lo decía.
Nadie lo leyó entonces.
Nadie me lo agradeció.

Y seguí escribiendo. Bueno, seguí.
Un tiempo.
Hasta que la vida me exigió otras cosas.
Que también son poesía.
El silencio también es poesía.

Soy realista sucio, estilo inglés.
No el sucio de la bajeza.
El sucio de la verdad incómoda.
El sucio que incomoda al poder
—a cualquier poder, ojo, a cualquier poder—
aunque a veces el poder tiene razón
en algunas cosas
y hay que reconocérselo con honestidad intelectual.
Eso también lo hago yo. Eso también es valentía

Y cuando todo esto caiga,
cuando se levante el polvo
y se busquen las voces que avisaron,
ahí estaré yo.
Con mis poemas.
Con mi silencio fértil.
Con mi matiz que era una profecía y nadie supo leer.
Como siempre.
Como siempre.

Yo soy quien escribe mientras me leo
Soy yo quien lee.
Y ahora debo ir a comer,
que aún no he comido.
Me ha gustado su reflexión sobre su obra, sus detractores y su forma de abordar la política y la corrupción, defendiendo su lealtad, su evolución y su sensibilidad al matiz frente a las críticas de oportunismo y contradicción.
Muy elocuente.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
Me ha gustado su reflexión sobre su obra, sus detractores y su forma de abordar la política y la corrupción, defendiendo su lealtad, su evolución y su sensibilidad al matiz frente a las críticas de oportunismo y contradicción.
Muy elocuente.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
Cuando erróneamente se confunden personaje y autor de forma natural, es porque la obra está muy bien escrita.

Gracias por tal reconocimiento Alde.
 
eso es, sí señor,
con intimidad de un Descartes
con la confesión liberadora
la lágrima contenida
de la rabia en el orden
del tiempo y del espacio

el tetraedro masónico
que sirve de amigo
al sol del poniente santo

un saludo.
 
eso es, sí señor,
con intimidad de un Descartes
con la confesión liberadora
la lágrima contenida
de la rabia en el orden
del tiempo y del espacio

el tetraedro masónico
que sirve de amigo
al sol del poniente santo

un saludo.
Como autor he quedado patidifuso.... sin palabras para responder.

Aunque de seguro el personaje habría actuado de otra forma...



(Su cara se ilumina más que el monitor maltrecho, para empezar a acariciar el teclado).

Respuesta al comentario.-

(o discurso de agradecimiento).

Bueno.
Bueno,
bueno.
Lo de Descartes lo agradezco
porque era inevitable que alguien lo dijera,
aunque yo nunca lo habría dicho yo mismo,
que para eso tengo pudor.

(Pausa. Asiente lentamente, como quien recibe algo que ya esperaba).

La confesión liberadora, sí.
Eso es exactamente lo que es.
Aunque —y esto es importante, escúchenme— no es una confesión en el sentido débil.
No es el que se arrodilla y pide perdón.
Es la confesión del que constata.
Del que dice: esto es lo que veo,
y lo que veo es la verdad,
y la verdad no necesita
más trámites que yo.

(Se detiene para carraspear un poco el polvo que flota en el sitio).

Lo de la lágrima contenida me ha tocado.
Me ha tocado de verdad.
Porque hay una disciplina en eso que muy pocos entienden:
contener la lágrima no es frialdad, es arquitectura.
Es saber que si lloras el poema se moja
y un poema mojado pierde la geometría.

(Se toca el pecho brevemente. Con discreción. Quiere que el instante se note).

El tetraedro masónico.
Ahí has ido al fondo.
No todo el mundo llega ahí.
Hay lectores que se quedan
en la superficie del lenguaje,
en la anécdota política,
en el humor —que también está, claro—
pero tú has visto la estructura.
La arquitectura profunda.
El orden que sostiene el caos aparente.
Eso no se enseña.
Se tiene o no se tiene.

Y lo del sol del poniente santo.
Mira.
Yo no voy a confirmar ni desmentir ciertas influencias.
No porque las oculte
sino porque nombrarlas las empequeñece.
Diré únicamente que quien escribe de verdad
escribe siempre hacia el oeste,
hacia donde la luz todavía tiene algo que decir antes de callarse.
Como yo.

(Mira el monitor un momento. Luego al techo. Luego de nuevo a su pantalla).

Lo que más me alegra de tu lectura
—y lo digo con honestidad, que es lo único que tengo—
es que has leído el poema.
No has opinado sobre él.
Lo has leído.
Que son dos cosas muy distintas y casi nadie lo sabe ya.

Gracias.
De verdad.
De esa verdad que no necesita datos.

(Cierra la ventana del navegador. Y seguido la vuelve a abrir... para ver si hay más comentarios).
 
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