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El Escudo y la Espada

frank_calle

Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy solo quedan los recuerdos
que narran en silencio sus viejas heridas.
Detrás, perdidas en el tiempo,
las grandes batallas,
las glorias vividas,
las almas errantes que en esas batallas
perdieron la vida.


He aquí la Espada.
Escalofriante pieza de museo
que impacta al visitante,
de solo imaginar que arrancó miembros,
que sesgó destinos.
A su lado, el Escudo acompañante,
que en mil batallas enfrentó a la muerte,
y en mil batallas,
del guerrero héroe salvó la vida.


He aquí la Espada.
He aquí el Escudo.
He aquí las victorias que juntas forjaron.
He aquí las leyendas que son historia viva.


Narran al visitante silentes poemas épicos,
y para muchos la Espada es símbolo de victoria,
es símbolo de hidalguía,
siempre destellando soles,
venciendo, conquistando,
dejando amores pendientes,
si existe una Penélope
que espera el regreso de la Espada,
de noche y de día.


Amor, amor,
tú eres la Espada victoriosa
que trasciende el tiempo,
que dirige todas las batallas de nuestras vidas.


Tú brillas, avanzas indetenible,
planificas, decides,
ganas todas las medallas
amas sin excusas,
causas idolatría.


Pero no olvides, amor,
que la Espada es victoriosa,
que la Espada nunca se rinde
que la Espada es hidalguía,
porque siempre tras la Espada
hay un Escudo acompañante
que cuida de su vida de noche y de día.


Frank Calle (2/dic/2018)
 
Última edición:
Hoy solo quedan los recuerdos
que narran en silencio sus viejas heridas.
Detrás, perdidas en el tiempo,
las grandes batallas,
las glorias vividas,
las almas errantes que en esas batallas
perdieron la vida.


He aquí la Espada.
Escalofriante pieza de museo
que impacta al visitante,
de solo imaginar que arrancó miembros,
que sesgó destinos.
A su lado, el Escudo acompañante,
que en mil batallas enfrentó a la muerte,
y en mil batallas,
del guerrero héroe salvó la vida.


He aquí la Espada.
He aquí el Escudo.
He aquí las victorias que juntas forjaron.
He aquí las leyendas que son historia viva.


Narran al visitante silentes poemas épicos,
y para muchos la Espada es símbolo de victoria,
es símbolo de hidalguía,
siempre destellando soles,
venciendo, conquistando,
dejando amores pendientes,
si existe una Penélope
que espera el regreso de la Espada,
de noche y de día.


Amor, amor,
tú eres la Espada victoriosa
que trasciende el tiempo,
que dirige todas las batallas de nuestras vidas.


Tú brillas, tú avanzas indetenible,
tú planificas, tú decides,
tú ganas todas las medallas
tú amas sin excusas,
tú causas idolatría.


Pero no olvides, amor,
que la Espada es victoriosa,
que la Espada nunca se rinde
que la Espada es hidalguía,
porque siempre tras la Espada
hay un Escudo acompañante
que cuida de su vida de noche y de día.


Frank Calle (2/dic/2018

En esta metáfora de la espada y el escudo reconoces que es el amor el que debe dominar el mundo y solo él puede darnos la única victoria que importa.

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Lo felicito por versos tan inteligentes dictados por la madurez de un hombre sabio que sabe amar y apreciar al ser amado.

Un abrazo,

Gladiadora_______________
 
Gracias Maramín, siempre buscando en el horizonte de la poesía, el nuevo velero que se adentra en sus mares, para darle apoyo y ánimos.

Por definición, debemos aceptar que todos los humanos nacemos como seres especiales de la naturaleza, pero no somos los únicos, como también lo son las avejas, las hormigas, y quizás hasta algún mítico y minúsculo ser inteligente, que habita en la piel del elefante del pensador Lecomte du Nouy.

Pero nos toca vivir en un mundo de amor y odios enfrentados, el clásico Bien y Mal de todas las historias, espadas contra escudos, espadas contra espadas, donde solo saldrá vencedor el amor, si su escudo es capaz de defendernos contra todas las espadas, por poderosas que sean en manos del Gigante que ataca nuestra especie. Pienso, por ejemplo, en el escudo que toda la India formó hasta vencer, más temprano que tarde, a los colonizadores Ingleses de su tiempo.

Por eso no estoy del todo de acuerdo con el clásico adagio que dignifica el valor a ultranza, sobre la victoria a ultranza: "Con el escudo o sobre el escudo, pero no sin el escudo."
Pienso que nuestra especie no puede aceptar, por definición, la derrota ante el Mal, como tampoco puede aceptar la batalla, sin disponer de un escudo moral invensible, para jamás tener que regresar sin el escudo.

Solo fortaleciendo nuestro escudo moral contra todo Mal, generación tras generación, hasta cansar al Gigante que nos ataca, hasta dejarlo moralmente sin fuerzas, estaremos entonces en condiciones de eliminar del mundo, al Gigante de la leyenda, con la honda maravillosa o con la más humilde de las espadas.

Por supuesto, el amor está detrás de todo lo dicho, y nuestro amor perdurará solo si estamos siempre dispuestos a convertirnos en su Angel de la Guarda, a seguirle, a apoyarle, a cuidarle hasta el final. Si eso ocurre de manera mutua, entonces, hasta la muerte no será más que un paso inevitable, en el camino hacia la eternidad.

Agradezco mucho la posibilidad que me das de razonar estas ideas, a partir de tus palabras. Serán todo lo románticas que se quiera, pero esa es la sustancia de mi humilde escudo personal, no tengo otra, aunque siempre presto a cambiar de escudo, si las circunstancias lo exigen.

Un abrazo,

Frank
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