El hogar es eterno, nosotros no

penabad57

Poeta veterano en el portal
Hace frío en la casa, los objetos son materia,
un sueño de inmortalidad,
en cambio la piel,
la arquitectura que somos
se desgasta, pierde historias,
luceros, suaves colinas
donde el instante parpadea.

Tú querías un hogar que fuera un vestido,
un sitio mudable, sin raíces,
brotes de un árbol caduco en la gloria de los días únicos.

Yo te dije que las cosas han muerto antes de nacer
porque representan un ideal,
una convención,
un destino
y, en su final, un recuerdo.

Fuimos alma
en la telaraña de la vida
también un pegamento de labios sin palabras,
de horas en penumbra,
de habitaciones enmarcadas
por voces que grabaron su maquillaje
en lo hondo de la luz.

Comprende que lo eterno dibuja una sombra en tu tapiz,
tu tapiz es el tiempo que el reloj te regala,
un tiempo común si en el hogar fundimos los ecos,
espíritu que ríe, anónimo, en las paredes
de esta casa que ya no refleja el corazón que late en su tuétano,
la hondura donde las cosas tienen nombre,
identidad
y un sello que engarza los días contigo,
conmigo.












 
Hace frío en la casa, los objetos son materia,
un sueño de inmortalidad,
en cambio la piel,
la arquitectura que somos
se desgasta, pierde historias,
luceros, suaves colinas
donde el instante parpadea.

Tú querías un hogar que fuera un vestido,
un sitio mudable, sin raíces,
brotes de un árbol caduco en la gloria de los días únicos.

Yo te dije que las cosas han muerto antes de nacer
porque representan un ideal,
una convención,
un destino
y, en su final, un recuerdo.

Fuimos alma
en la telaraña de la vida
también un pegamento de labios sin palabras,
de horas en penumbra,
de habitaciones enmarcadas
por voces que grabaron su maquillaje
en lo hondo de la luz.

Comprende que lo eterno dibuja una sombra en tu tapiz,
tu tapiz es el tiempo que el reloj te regala,
un tiempo común si en el hogar fundimos los ecos,
espíritu que ríe, anónimo, en las paredes
de esta casa que ya no refleja el corazón que late en su tuétano,
la hondura donde las cosas tienen nombre,
identidad
y un sello que engarza los días contigo,
conmigo.











Dando calor a la casa nace el hogar; un calor humano que muy bien reflejas en este poema. Arquitectura humana podríamos decir.

Un placer leerte, compañero, desde esta casa-hogar llena de recuerdos de estos y otros tiempos.

Un abrazo.
 
Hace frío en la casa, los objetos son materia,
un sueño de inmortalidad,
en cambio la piel,
la arquitectura que somos
se desgasta, pierde historias,
luceros, suaves colinas
donde el instante parpadea.

Tú querías un hogar que fuera un vestido,
un sitio mudable, sin raíces,
brotes de un árbol caduco en la gloria de los días únicos.

Yo te dije que las cosas han muerto antes de nacer
porque representan un ideal,
una convención,
un destino
y, en su final, un recuerdo.

Fuimos alma
en la telaraña de la vida
también un pegamento de labios sin palabras,
de horas en penumbra,
de habitaciones enmarcadas
por voces que grabaron su maquillaje
en lo hondo de la luz.

Comprende que lo eterno dibuja una sombra en tu tapiz,
tu tapiz es el tiempo que el reloj te regala,
un tiempo común si en el hogar fundimos los ecos,
espíritu que ríe, anónimo, en las paredes
de esta casa que ya no refleja el corazón que late en su tuétano,
la hondura donde las cosas tienen nombre,
identidad
y un sello que engarza los días contigo,
conmigo.











Fríos de la materia, cambios en la piel, telarañas de la vida, pegamento de labios sin palabras, hondura de las cosas con su nombre, sello que engarza días sin maquillajes, contigo y conmigo, sueño de inmortalidad.
Gracias por tu poema, saludos afectuosos.
 

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