coral
Una dama muy querida en esta casa.
El miedo de mi ocaso
¡Un miedo inmenso
es el que invade mi alma!
los días pasan... y se esconde tu mirada,
esa mirada... que se tatuó en mi alma.
es el que invade mi alma!
los días pasan... y se esconde tu mirada,
esa mirada... que se tatuó en mi alma.
¡Ay pena amarga! que carcome mis entrañas,
¿cómo decirte que nunca, nunca te he amado?
¡si a cada instante te vivo recordando!
y tu aliento de vida en mis muros,
¡dejaste cincelado!,
¿cómo decirte que nunca, nunca te he amado?
¡si a cada instante te vivo recordando!
y tu aliento de vida en mis muros,
¡dejaste cincelado!,
que entre suspiros llevo tus besos, pegados en mi ocaso;
que he de marcharme, sin sentir tus labios
posándose en mis labios ya casi muertos
¡cansados de esperarte!
que he de marcharme, sin sentir tus labios
posándose en mis labios ya casi muertos
¡cansados de esperarte!
¡Amor... quiero contarte que me estoy muriendo!
que los geranios que sembramos
en el patio... se secaron, rociados con mi pena,
por tu invierno,
que las gotas de rocío al despuntar el alba,
se congelaron en el frío de mis sábanas.
que los geranios que sembramos
en el patio... se secaron, rociados con mi pena,
por tu invierno,
que las gotas de rocío al despuntar el alba,
se congelaron en el frío de mis sábanas.
Y aún te espero amor... en el oscuro rincón
de mi aposento... he de prender la lumbre
para dar tibieza a nuestro lecho...
Tal vez revivan los geranios en el patio,
tal vez de nuevo se iluminen mis pupilas,
tal vez te encuentre amor...
¡antes de sucumbir en el triste ocaso de mi vida!
sin encontrarte cerca... ¡antes de mi partida!
de mi aposento... he de prender la lumbre
para dar tibieza a nuestro lecho...
Tal vez revivan los geranios en el patio,
tal vez de nuevo se iluminen mis pupilas,
tal vez te encuentre amor...
¡antes de sucumbir en el triste ocaso de mi vida!
sin encontrarte cerca... ¡antes de mi partida!
Prudencia arenas.
Coral.
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