Llega un mirlo pequeño, volandero,
con un canto de luto en su garganta,
gorjeando en la rama solivianta
mi silencio penoso y lastimero.
Ya del mirlo me siento compañero
y es su duelo en el trino cuando canta
un azogue en cristal que se quebranta.
Un cante hondo lo lleva prisionero.
La paz del monasterio se derrama
serenando la pena donde habito
y también la aflicción por ese alado.
Rezaré por su ausencia a San Benito
para buscar al mirlo en otra rama
cuando me encuentre solo y desolado.
PepeSori
SafeCreative
mayo 2019
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