• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

El observador en la espera

Chema Ysmer

Poeta que considera el portal su segunda casa
estacion_de_tren_china_muralesyvinilos_27769155__Monthly_L.jpg


Sentado en el andén de la estación

con el único propósito de ver pasar los trenes

hora tras hora,

el observador espera

a no se sabe qué ni por cuanto tiempo.


Los pasajeros sin recavar en él

salen y entran de los vagones

por esas puertas que se abren y cierran

automáticamente

llevando sus deseos giratorios por el suelo

y un pasado dentro de sus ropas.


El observador detiene un instante la mirada

en las innumerables escenas que se suceden

como rollos de film de una película;

cuenta los abrazos

que gentes de muy diversa condición, edad y sexo

se han dado en una hora,

quizás por razones estadísticas

o por mera curiosidad inexplicable

lo hace.


El observador es un hombre

que pudiera tener un sexo enrevesado y retorcido,

pues lleva gabardina

y una edad que desprecia los números pequeños,

no lleva lentes,

ni un cigarro a medio apagar colgado del labio,

ni un paraguas aunque está lloviendo

y la marquesina de la estación

sólo le protege a medias.


El observador no toma notas en ningún cuaderno

ni interviene en ninguna conversación, discusión o riña.

Ha visto besos de muy diversa índole

algunos fríos, monótonos, otros

enormemente apasionados

que pensó lograrían detener el tiempo.

Hubo parejas que en el breve instante que él las observaba

se abofetearon y dejaron de serlo.

Ha visto comienzos y finales;

a una mujer a punto de parir, gritando,

mientras la ambulancia la esperaba afuera,

a un hombre que veía como su tren se partía

y corría tras él con la esperanza de cogerlo

y caía fulminado en el intento.

Toda vida puede acabar en la espera

de un tren que se marcha sin nosotros.


Al observador le cuesta ver ciertas escenas

y cierra los ojos

cuando dos camorristas se dan de puñetazos

por lograr a una mujer o por dinero.

Hay otros momentos entrañables,

un nieto que ayuda a su abuela de avanzada edad

a bajar las escaleras

mientras le va contando sus progresos en la escuela

o su primer romance.


El observador es un hombre sin escuela y sin progreso,

probablemente ya sin abuela

que no pierde sin embargo sus deseos

de ver como ascienden y descienden

las gentes de los trenes

en una estación,

mientras cae la lluvia.









 
¿Cómo no ha de gustar esta prosa? Tiene todos los elementos que me gustaan; tren, lluvia, espera, obeservaciónes. Maravillosa, cuando la escuché me produjo muchos sentimientos. Eso es lo que hace el poeta. produce. Muchas gracias por escribir esta prosa que habla de esa espera, a veces ni sabemos de qué, pero sabemos que debemos estar ahí por eso me identifico con ella.

Siempre mi admiración por la versatilidad de tu magnifica pluma eso amo de ti.

Besos desde mis raíces hasta tu sauce y mar verde,
 
¿Cómo no ha de gustar esta prosa? Tiene todos los elementos que me gustaan; tren, lluvia, espera, obeservaciónes. Maravillosa, cuando la escuché me produjo muchos sentimientos. Eso es lo que hace el poeta. produce. Muchas gracias por escribir esta prosa que habla de esa espera, a veces ni sabemos de qué, pero sabemos que debemos estar ahí por eso me identifico con ella.

Siempre mi admiración por la versatilidad de tu magnifica pluma eso amo de ti.

Besos desde mis raíces hasta tu sauce y mar verde,
El observador es constante en su espera por qué sabe que al fin llegará aquello que desea. No importa que esté lloviendo, él permanece en su puesto observando el movimiento de las gentes y contando el número de besos que aún faltan para que llegue el suyo.
Gracias siempre Guadalupe. Besos y más y más y más.
 
El observador es constante en su espera por qué sabe que al fin llegará aquello que desea. No importa que esté lloviendo, él permanece en su puesto observando el movimiento de las gentes y contando el número de besos que aún faltan para que llegue el suyo.
Gracias siempre Guadalupe. Besos y más y más y más.

La paciencia nunca ha sido mi forté, pero entiendo que es tiempo de esperar. La lluvia trae esperanza y nos da la idea que lo viejo se lava y está por venir algo nuevo entre las nubes que acaban de llorar. Cuando amamos vemos al ser amado en todo lo que se mueve, huele y siente, todo está en nosotros de su escencia. Dile, que no tenga pena que esos besos que ahora le faltan un día le van a sobrar especialmente en esa parte de su cadera. MMMMMM...rico, rico, rico...sigue produciendo esta prosa,

Besos desde una margarita que sigue diciendo que sí
 
estacion_de_tren_china_muralesyvinilos_27769155__Monthly_L.jpg


Sentado en el andén de la estación

con el único propósito de ver pasar los trenes

hora tras hora,

el observador espera

a no se sabe qué ni por cuanto tiempo.


Los pasajeros sin recavar en él

salen y entran de los vagones

por esas puertas que se abren y cierran

automáticamente

llevando sus deseos giratorios por el suelo

y un pasado dentro de sus ropas.


El observador detiene un instante la mirada

en las innumerables escenas que se suceden

como rollos de film de una película;

cuenta los abrazos

que gentes de muy diversa condición, edad y sexo

se han dado en una hora,

quizás por razones estadísticas

o por mera curiosidad inexplicable

lo hace.


El observador es un hombre

que pudiera tener un sexo enrevesado y retorcido,

pues lleva gabardina

y una edad que desprecia los números pequeños,

no lleva lentes,

ni un cigarro a medio apagar colgado del labio,

ni un paraguas aunque está lloviendo

y la marquesina de la estación

sólo le protege a medias.


El observador no toma notas en ningún cuaderno

ni interviene en ninguna conversación, discusión o riña.

Ha visto besos de muy diversa índole

algunos fríos, monótonos, otros

enormemente apasionados

que pensó lograrían detener el tiempo.

Hubo parejas que en el breve instante que él las observaba

se abofetearon y dejaron de serlo.

Ha visto comienzos y finales;

a una mujer a punto de parir, gritando,

mientras la ambulancia la esperaba afuera,

a un hombre que veía como su tren se partía

y corría tras él con la esperanza de cogerlo

y caía fulminado en el intento.

Toda vida puede acabar en la espera

de un tren que se marcha sin nosotros.


Al observador le cuesta ver ciertas escenas

y cierra los ojos

cuando dos camorristas se dan de puñetazos

por lograr a una mujer o por dinero.

Hay otros momentos entrañables,

un nieto que ayuda a su abuela de avanzada edad

a bajar las escaleras

mientras le va contando sus progresos en la escuela

o su primer romance.


El observador es un hombre sin escuela y sin progreso,

probablemente ya sin abuela

que no pierde sin embargo sus deseos

de ver como ascienden y descienden

las gentes de los trenes

en una estación,

mientras cae la lluvia.










Siempre me han parecido fascinantes las estaciones de tren, invitan a imaginar tantas vidas...

Nota: Muevo el poema al foro de poesía filosófica por estar escrita en ese formato.

Saludos,

Palmira
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba