Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sentado en el andén de la estación
con el único propósito de ver pasar los trenes
hora tras hora,
el observador espera
a no se sabe qué ni por cuanto tiempo.
Los pasajeros sin recavar en él
salen y entran de los vagones
por esas puertas que se abren y cierran
automáticamente
llevando sus deseos giratorios por el suelo
y un pasado dentro de sus ropas.
El observador detiene un instante la mirada
en las innumerables escenas que se suceden
como rollos de film de una película;
cuenta los abrazos
que gentes de muy diversa condición, edad y sexo
se han dado en una hora,
quizás por razones estadísticas
o por mera curiosidad inexplicable
lo hace.
El observador es un hombre
que pudiera tener un sexo enrevesado y retorcido,
pues lleva gabardina
y una edad que desprecia los números pequeños,
no lleva lentes,
ni un cigarro a medio apagar colgado del labio,
ni un paraguas aunque está lloviendo
y la marquesina de la estación
sólo le protege a medias.
El observador no toma notas en ningún cuaderno
ni interviene en ninguna conversación, discusión o riña.
Ha visto besos de muy diversa índole
algunos fríos, monótonos, otros
enormemente apasionados
que pensó lograrían detener el tiempo.
Hubo parejas que en el breve instante que él las observaba
se abofetearon y dejaron de serlo.
Ha visto comienzos y finales;
a una mujer a punto de parir, gritando,
mientras la ambulancia la esperaba afuera,
a un hombre que veía como su tren se partía
y corría tras él con la esperanza de cogerlo
y caía fulminado en el intento.
Toda vida puede acabar en la espera
de un tren que se marcha sin nosotros.
Al observador le cuesta ver ciertas escenas
y cierra los ojos
cuando dos camorristas se dan de puñetazos
por lograr a una mujer o por dinero.
Hay otros momentos entrañables,
un nieto que ayuda a su abuela de avanzada edad
a bajar las escaleras
mientras le va contando sus progresos en la escuela
o su primer romance.
El observador es un hombre sin escuela y sin progreso,
probablemente ya sin abuela
que no pierde sin embargo sus deseos
de ver como ascienden y descienden
las gentes de los trenes
en una estación,
mientras cae la lluvia.