RAMIPOETA
– RAMIRO PONCE ”POETA RAPSODA"
EL OCASO DE UN GRANDE
Fue de todos los genios el más grande.
Varón, y recio triunfador de mil batallas,
audaz con los tiranos, con las mujeres tierno,
le marcó su destino con agallas.
Amó la libertad, odió la injusticia,
abandonó riquezas y cuanto Dios le diera,
amante del valor, en nuestra Patria,
el sonar del clarín, fue su bandera.
Su espada hizo temblar a los perversos.
por compasión, libró les de la muerte,
unieron se después muchos tiranos,
por el miedo a correr, la misma suerte.
De libertador a esclavo, quien creyera.
Valiente forjador de nuestra historia;
su noble corazón cayó rendido,
en los labios sedientos de Manuela.
Unidos ya los dos contra el intruso;
en combates, en triunfos y el destierro;
las últimas huestes de los opresores
extinguieron en Junín y en Ayacucho.
Sintió pronto los golpes del ocaso
en la cima brillante de su vida.
No sé quien fue más cruel, si la difteria,
o la ingratitud que él no se merecía.
Traicionado, enfermo, en la pobreza,
lleno de incomprensión y mala suerte,
en Santa Martha se refugió cansado;
esperando por él…venga la muerte.
esta llegó, y se lo llevó al Cielo;
su nombre sigue vivo en nuestra historia,
está con el Señor, junto a los mártires;
disfrutando feliz su eterna Gloria.
Ramiro Ponce
Fue de todos los genios el más grande.
Varón, y recio triunfador de mil batallas,
audaz con los tiranos, con las mujeres tierno,
le marcó su destino con agallas.
Amó la libertad, odió la injusticia,
abandonó riquezas y cuanto Dios le diera,
amante del valor, en nuestra Patria,
el sonar del clarín, fue su bandera.
Su espada hizo temblar a los perversos.
por compasión, libró les de la muerte,
unieron se después muchos tiranos,
por el miedo a correr, la misma suerte.
De libertador a esclavo, quien creyera.
Valiente forjador de nuestra historia;
su noble corazón cayó rendido,
en los labios sedientos de Manuela.
Unidos ya los dos contra el intruso;
en combates, en triunfos y el destierro;
las últimas huestes de los opresores
extinguieron en Junín y en Ayacucho.
Sintió pronto los golpes del ocaso
en la cima brillante de su vida.
No sé quien fue más cruel, si la difteria,
o la ingratitud que él no se merecía.
Traicionado, enfermo, en la pobreza,
lleno de incomprensión y mala suerte,
en Santa Martha se refugió cansado;
esperando por él…venga la muerte.
esta llegó, y se lo llevó al Cielo;
su nombre sigue vivo en nuestra historia,
está con el Señor, junto a los mártires;
disfrutando feliz su eterna Gloria.
Ramiro Ponce