El paseante

penabad57

Poeta veterano en el portal
No era la mano de Caspar Hauser en su cielo dorado.

Sí el reventar del hacha,
la maldición nacarada del cisne.

El tránsito acude a su hueco
y veo dormidas formas:
el esqueleto, los tubos,
los pigmentos sin edad de la niebla.

Sobre los tejados no amanecen relojes,
aunque títeres y saltimbanquis cubran la plaza
con su reír de noria.

Esta ciudad tuvo mercados, barro, puente y doctrinas,
también el eco de los sombreros que hablan
y la memoria inconexa del mundo futuro.

Yo solo empiezo y nunca termino,
puedo escribir el mapa
o tal vez alumbre la manzana del rincón,
la casa sin duendes,
el hospital de las estatuas.

Ahora mira el estanque,
tus pasos me devuelven la luz,
sin navío, sin gárgola.
 
Última edición:
No era la mano de Caspar Hauser en su cielo dorado.

Sí el reventar del hacha,
la maldición nacarada del cisne.

El tránsito acude a su hueco
y veo dormidas formas:
el esqueleto, los tubos,
los pigmentos sin edad de la niebla.

Sobre los tejados no amanecen relojes,
aunque títeres y saltimbanquis cubran la plaza
con su reír de noria.

Esta ciudad tuvo mercados, barro, puente y doctrinas,
también el eco de los sombreros que hablan
y la memoria inconexa del mundo futuro.

Yo solo empiezo y nunca termino,
puedo escribir el mapa
o tal vez alumbre la manzana del rincón,
la casa sin duendes,
el hospital de las estatuas.

Ahora mira el estanque,
tus pasos me devuelven la luz,
sin navío, sin gárgola.
Tienes ojos que ven todo lo pasado. Un abrazo, Ramón.
 
No era la mano de Caspar Hauser en su cielo dorado.

Sí el reventar del hacha,
la maldición nacarada del cisne.

El tránsito acude a su hueco
y veo dormidas formas:
el esqueleto, los tubos,
los pigmentos sin edad de la niebla.

Sobre los tejados no amanecen relojes,
aunque títeres y saltimbanquis cubran la plaza
con su reír de noria.

Esta ciudad tuvo mercados, barro, puente y doctrinas,
también el eco de los sombreros que hablan
y la memoria inconexa del mundo futuro.

Yo solo empiezo y nunca termino,
puedo escribir el mapa
o tal vez alumbre la manzana del rincón,
la casa sin duendes,
el hospital de las estatuas.

Ahora mira el estanque,
tus pasos me devuelven la luz,
sin navío, sin gárgola.



La referencia inicial a Kaspar Hauser me lleva a la ciudad de Núremberg, puede que no tenga nada que ver pero tampoco importa. Me llama la atención la observación, con cierto aire nostálgico, del paseante. Esas nieblas que se cuelan en la mirada, transportan a la época del medievo.
Me ha encantado seguir tus huellas. Felicidades por el poema.

Saludos

Palmira
 

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