EL PECADO DE DOLORES
Hastiados Pedro y Dolores
a catequesis se fueron
para aprender catecismo
pues sus rollizos gemelos
pronto harán comunión
y el cura don Rigoberto
sus pecados capitales
les escucha muy atento.
-¡Empieza que quiero oírte!
-dice Dolores a Pedro,
el rufián, que es un ladino,
con excusas sale huyendo;
indignada y furibunda
Dolores le saca un pliego;
mis pecados capitales,
según el bribón de Pedro-
Me acusa de lujuriosa
si en los partidos lo beso,
luego me llama soberbia
si tocarme no lo dejo;
que peco mucho de gula,
¡señor, si estoy en los huesos!
y lo dice el que parece
modelo de un tal Botero;
que me corroe la envidia
si lo pateo durmiendo;
que lo que tengo es pereza,
total, por cuatro gemelos
tampoco es para quejarse
¡Lo mato, don Rigoberto!
que me puede la avaricia,
me dice el muy cicatero,
que no sea pretenciosa
que solo es un jornalero.
¡Esto raya la demencia!...
yo trabajo fuera y dentro
no tengo vicios, ni gaitas.
Escuche don Rigoberto,
que no lo diré dos veces;
solo confieso un pecado,
la ira que llevo dentro;
todos los días de Dios
en su sopa echo veneno
a ver si se queda tieso;
se resiste el condenado,
¿usted no lo ve más grueso?
Puede quedarse sentado
si espera arrepentimiento.
¡Que alguien me traiga las sales,
se nos va Don Rigoberto!
Hastiados Pedro y Dolores
a catequesis se fueron
para aprender catecismo
pues sus rollizos gemelos
pronto harán comunión
y el cura don Rigoberto
sus pecados capitales
les escucha muy atento.
-¡Empieza que quiero oírte!
-dice Dolores a Pedro,
el rufián, que es un ladino,
con excusas sale huyendo;
indignada y furibunda
Dolores le saca un pliego;
mis pecados capitales,
según el bribón de Pedro-
Me acusa de lujuriosa
si en los partidos lo beso,
luego me llama soberbia
si tocarme no lo dejo;
que peco mucho de gula,
¡señor, si estoy en los huesos!
y lo dice el que parece
modelo de un tal Botero;
que me corroe la envidia
si lo pateo durmiendo;
que lo que tengo es pereza,
total, por cuatro gemelos
tampoco es para quejarse
¡Lo mato, don Rigoberto!
que me puede la avaricia,
me dice el muy cicatero,
que no sea pretenciosa
que solo es un jornalero.
¡Esto raya la demencia!...
yo trabajo fuera y dentro
no tengo vicios, ni gaitas.
Escuche don Rigoberto,
que no lo diré dos veces;
solo confieso un pecado,
la ira que llevo dentro;
todos los días de Dios
en su sopa echo veneno
a ver si se queda tieso;
se resiste el condenado,
¿usted no lo ve más grueso?
Puede quedarse sentado
si espera arrepentimiento.
¡Que alguien me traiga las sales,
se nos va Don Rigoberto!
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