dragon_ecu
Esporádico permanente
Texto recopilado del video de Pilar Almagro. Mayo 30, 2025
Fuente:
Hoy reflexionamos sobre el precio de mirar para otro lado.
Vamos a hacer un paralelismo entre Nurenberg y España.
En el periodo de entre guerras, Europa vivía el ascenso de regímenes totalitarios como el nazismo, el fascismo, el socialismo, lo que más tarde provocó el estallido de la Segunda Guerra Mundial entre 1939 y 45 y en consecuencia el genocidio de millones de personas.
Tras la derrota del tercer Reich, el mundo se enfrentó a una pregunta. ¿Cómo fue posible que una sociedad tan culta como la alemana permitiera pasivamente semejante barbarie?
Los juicios de Nuremberg, celebrados entre el 45 y el 46, no solo juzgaron a jueces, líderes políticos y militares, sino que revelaron algo mucho más profundo, la banalidad del mal, como lo denominó Arent.
Es decir, el mal no se presenta siempre con rostro monstruoso, sino a menudo disfrazado de obediencia, de burocracia, de silencio.
¿Nos suena?
Hoy en España vivimos un momento que que merece ser analizado bajo el mismo prisma. Un gobierno que legisla por decreto, que reforma el Código Penal a su medida, que coloniza el Poder Judicial, que infiltra a sus fiscales en el corazón de la judicatura y que ejerce, fomenta y premia la corrupción. La corrición política con indultos y amnistías.
¿Es que eso puede considerarse parte de una democracia?
Se trata de un vaciamiento progresivo del estado de derecho. Pero lo más alarmante no es solo la acción del poder, sino la inacción de cada uno de nosotros.
Como advirtió Hayek en camino de servidumbre, los pueblos no caen en el totalitarismo de un día para otro, sino que son llevados suavecito, suavecito, paso a paso, mediante una secuencia de justificaciones utilitarias, que si es por la paz social, que si es por la conveniencia, inclusión, igualdad por el medio ambiente.
Así se normaliza la excepción, se legaliza lo ilegal y se reprime al disidente, no con violencia visible, sino siguiendo la ventana de Overton con propaganda.
Primero, luego con censura, luego con multas, inspecciones fiscales y finalmente imponiéndolo en el BOE.
Y mientras tanto, gran parte de la ciudadanía calla consciente e incluso aplauden que denigren a sus vecinos.
Hanna Arendt dijo: "El mayor mal en el mundo lo cometen personas que no eligen el mal, no, sino que simplemente no piensan".
Hoy en España no pensar y por lo tanto no actuar y no denunciar es una forma de colaborar con la destrucción de nuestras instituciones democráticas y de nuestra forma de vida y de la de nuestros hijos.
La historia ya nos enseñó lo que ocurre cuando el poder se desborda y los demás callamos. La diferencia es que entonces en Nurenberg se juzgó a los responsables y hoy, ¿dónde están nuestros límites? Si es que cada día nos levantamos con un nuevo escándalo y el gobierno y los que le apoyan ya ni se inmutan, es que no hay ni un solo ni uno solo diputado socialista o del PNV o de Sumar o de Eszquerra o de Coalición Canaria o de Junst del BNG que se averguence de pertenecer a esta banda de gangsters.
Como explicaron Gordon Tulock y James Buchanan, premio Nobel, en "El cálculo del consenso", la política no está compuesta de ángeles que buscan el bien común, sino generalmente está compuesta por los peores entre nosotros que persiguen su propio interés personal.
El votante quiere beneficios sin costes, el burócrata quiere más poder, maximizarlo y el político quiere ser reelegido y algunos a toda costa. El problema surge cuando el diseño institucional permite que esos intereses privados se impongan sin contrapesos.
Lo que ocurre hoy en España, la narrativa es que todo lo hacen, como en los totalitarismos, a favor del pueblo, del bien y del planeta, pero en realidad es para beneficio de ellos, de esa élite política que ha convertido el poder total en un fin en sí mismo.
Como advirtió Buchanan, la política es la forma de intercambio en la que los políticos cambian favores por votos, como si fueran cromos, favores por votos. Y en palabras más duras, los peores llegan al poder porque los mejores no desean ejercerlo. Y hoy en España no gobiernan los mejores, no gobiernan los peores de entre nosotros.
La mayoría aún no se da cuenta de que ha votado su propia servidumbre.
Abramos conciencias.
Hemos de llegar al 70% de personas despiertas.
El precio de mirar para otro lado es demasiado caro.
¿Estás de acuerdo?
Fuente:
Hoy reflexionamos sobre el precio de mirar para otro lado.
Vamos a hacer un paralelismo entre Nurenberg y España.
En el periodo de entre guerras, Europa vivía el ascenso de regímenes totalitarios como el nazismo, el fascismo, el socialismo, lo que más tarde provocó el estallido de la Segunda Guerra Mundial entre 1939 y 45 y en consecuencia el genocidio de millones de personas.
Tras la derrota del tercer Reich, el mundo se enfrentó a una pregunta. ¿Cómo fue posible que una sociedad tan culta como la alemana permitiera pasivamente semejante barbarie?
Los juicios de Nuremberg, celebrados entre el 45 y el 46, no solo juzgaron a jueces, líderes políticos y militares, sino que revelaron algo mucho más profundo, la banalidad del mal, como lo denominó Arent.
Es decir, el mal no se presenta siempre con rostro monstruoso, sino a menudo disfrazado de obediencia, de burocracia, de silencio.
¿Nos suena?
Hoy en España vivimos un momento que que merece ser analizado bajo el mismo prisma. Un gobierno que legisla por decreto, que reforma el Código Penal a su medida, que coloniza el Poder Judicial, que infiltra a sus fiscales en el corazón de la judicatura y que ejerce, fomenta y premia la corrupción. La corrición política con indultos y amnistías.
¿Es que eso puede considerarse parte de una democracia?
Se trata de un vaciamiento progresivo del estado de derecho. Pero lo más alarmante no es solo la acción del poder, sino la inacción de cada uno de nosotros.
Como advirtió Hayek en camino de servidumbre, los pueblos no caen en el totalitarismo de un día para otro, sino que son llevados suavecito, suavecito, paso a paso, mediante una secuencia de justificaciones utilitarias, que si es por la paz social, que si es por la conveniencia, inclusión, igualdad por el medio ambiente.
Así se normaliza la excepción, se legaliza lo ilegal y se reprime al disidente, no con violencia visible, sino siguiendo la ventana de Overton con propaganda.
Primero, luego con censura, luego con multas, inspecciones fiscales y finalmente imponiéndolo en el BOE.
Y mientras tanto, gran parte de la ciudadanía calla consciente e incluso aplauden que denigren a sus vecinos.
Hanna Arendt dijo: "El mayor mal en el mundo lo cometen personas que no eligen el mal, no, sino que simplemente no piensan".
Hoy en España no pensar y por lo tanto no actuar y no denunciar es una forma de colaborar con la destrucción de nuestras instituciones democráticas y de nuestra forma de vida y de la de nuestros hijos.
La historia ya nos enseñó lo que ocurre cuando el poder se desborda y los demás callamos. La diferencia es que entonces en Nurenberg se juzgó a los responsables y hoy, ¿dónde están nuestros límites? Si es que cada día nos levantamos con un nuevo escándalo y el gobierno y los que le apoyan ya ni se inmutan, es que no hay ni un solo ni uno solo diputado socialista o del PNV o de Sumar o de Eszquerra o de Coalición Canaria o de Junst del BNG que se averguence de pertenecer a esta banda de gangsters.
Como explicaron Gordon Tulock y James Buchanan, premio Nobel, en "El cálculo del consenso", la política no está compuesta de ángeles que buscan el bien común, sino generalmente está compuesta por los peores entre nosotros que persiguen su propio interés personal.
El votante quiere beneficios sin costes, el burócrata quiere más poder, maximizarlo y el político quiere ser reelegido y algunos a toda costa. El problema surge cuando el diseño institucional permite que esos intereses privados se impongan sin contrapesos.
Lo que ocurre hoy en España, la narrativa es que todo lo hacen, como en los totalitarismos, a favor del pueblo, del bien y del planeta, pero en realidad es para beneficio de ellos, de esa élite política que ha convertido el poder total en un fin en sí mismo.
Como advirtió Buchanan, la política es la forma de intercambio en la que los políticos cambian favores por votos, como si fueran cromos, favores por votos. Y en palabras más duras, los peores llegan al poder porque los mejores no desean ejercerlo. Y hoy en España no gobiernan los mejores, no gobiernan los peores de entre nosotros.
La mayoría aún no se da cuenta de que ha votado su propia servidumbre.
Abramos conciencias.
Hemos de llegar al 70% de personas despiertas.
El precio de mirar para otro lado es demasiado caro.
¿Estás de acuerdo?
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