Luis Libra
Atención: poeta en obras
´
LOUIE
Las prostitutas decían que era un chico bueno.
Yo no quería sexo, sólo escarbar dentro de sus maquillajes
alguna ruina de lágrimas.
Los muslos de la venganza petrificados en mis manos. Eso era.
Cada minifalda tiene su propio poema, y a veces es martes.
Es martes porque tengo que llamar a Louie.
Le da vergüenza mostrarse desnuda
así que va al baño. Dios está en las griferías, me dice,
corriendo como agua sucia por mis venas.
Louie, y tú
que sabes recitar el desencanto
como si fuera la parte más volátil de la palabra
dime si encuentras el placer verdadero
en las drogas de la noche.
Yo sí.
Hoy mismo
han vuelto a ser pájaros los hombros de la miseria.
Se han encadenado a una inercia degollada
y han vestido la primera estirpe del sonido
ubicado en tu vientre como un niño hecho de termitas.
Hay un cementerio de las águilas clonado por tu llanto.
Dime, Louie, ¿ por qué el nácar escondido en tus labios
se parece a un sueño de la arrogancia,
por qué vuelven las huidas a abrazar un cuerpo
iluminado por las estrellas del cáncer?
... Ella no responde, tal vez no es martes.
______
EN ESTA CUENCA SANGRANDO
Estoy en el metro, catapultado por las razones más ebrias
que normalmente me llevan a una tumba desconocida.
No sé si es comodidad o capricho
eso de arrancarme los huesos cada viernes,
tal vez estoy pensando en tu manera de besarme
con agudeza y restringirme el acceso a aquellas partes de tu cuerpo
reservadas a un grupo de alta clase de insomnios
que te hacen vibrar como alas de libélula.
Bien dijiste que el amor eran dos libélulas suicidas,
pero nunca conté las veces en que nos amábamos como el humo ama suplir las oquedades.
Por ese túnel de la pobreza
la vida retrocede en pijamas.
Entre la gente que me acompaña, algunos mortales.
Sostener una revista sin hojear sus páginas
mientras una voz robótica anuncia las estaciones
es parte de la pesadumbre de un reloj de amaneceres sin vientre.
Yo, como siempre,
presto mis globos oculares
a una bombilla,
voluntariamente me quedo ciego,
no voy a predecir el espasmo
interno que no ha pasado la prueba de ortigas de las lágrimas.
Alguien viene con una idea, es un juego absurdo.
Parecemos todos amigos en el vagón.
Es un espacio restringido a las almas perdidas
y las sillas de cuero evocan su pasado.
Me ofrezco a romper el hielo
porque sé que mi sombra se entretiene
entre los raíles.
Los demás sacan de sus bolsas de compras,
de sus maletines de abogado,
y de las canastas de diva, gatos con garras afiladas, cucharas de plata, lápices de oro.
La gente me aplaude
porque a manos vacías
elijo quitarme un ojo.
Amor, en esta cuenca sangrando
aún sobrevives.
______
LOUIE
Las prostitutas decían que era un chico bueno.
Yo no quería sexo, sólo escarbar dentro de sus maquillajes
alguna ruina de lágrimas.
Los muslos de la venganza petrificados en mis manos. Eso era.
Cada minifalda tiene su propio poema, y a veces es martes.
Es martes porque tengo que llamar a Louie.
Le da vergüenza mostrarse desnuda
así que va al baño. Dios está en las griferías, me dice,
corriendo como agua sucia por mis venas.
Louie, y tú
que sabes recitar el desencanto
como si fuera la parte más volátil de la palabra
dime si encuentras el placer verdadero
en las drogas de la noche.
Yo sí.
Hoy mismo
han vuelto a ser pájaros los hombros de la miseria.
Se han encadenado a una inercia degollada
y han vestido la primera estirpe del sonido
ubicado en tu vientre como un niño hecho de termitas.
Hay un cementerio de las águilas clonado por tu llanto.
Dime, Louie, ¿ por qué el nácar escondido en tus labios
se parece a un sueño de la arrogancia,
por qué vuelven las huidas a abrazar un cuerpo
iluminado por las estrellas del cáncer?
... Ella no responde, tal vez no es martes.
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EN ESTA CUENCA SANGRANDO
Estoy en el metro, catapultado por las razones más ebrias
que normalmente me llevan a una tumba desconocida.
No sé si es comodidad o capricho
eso de arrancarme los huesos cada viernes,
tal vez estoy pensando en tu manera de besarme
con agudeza y restringirme el acceso a aquellas partes de tu cuerpo
reservadas a un grupo de alta clase de insomnios
que te hacen vibrar como alas de libélula.
Bien dijiste que el amor eran dos libélulas suicidas,
pero nunca conté las veces en que nos amábamos como el humo ama suplir las oquedades.
Por ese túnel de la pobreza
la vida retrocede en pijamas.
Entre la gente que me acompaña, algunos mortales.
Sostener una revista sin hojear sus páginas
mientras una voz robótica anuncia las estaciones
es parte de la pesadumbre de un reloj de amaneceres sin vientre.
Yo, como siempre,
presto mis globos oculares
a una bombilla,
voluntariamente me quedo ciego,
no voy a predecir el espasmo
interno que no ha pasado la prueba de ortigas de las lágrimas.
Alguien viene con una idea, es un juego absurdo.
Parecemos todos amigos en el vagón.
Es un espacio restringido a las almas perdidas
y las sillas de cuero evocan su pasado.
Me ofrezco a romper el hielo
porque sé que mi sombra se entretiene
entre los raíles.
Los demás sacan de sus bolsas de compras,
de sus maletines de abogado,
y de las canastas de diva, gatos con garras afiladas, cucharas de plata, lápices de oro.
La gente me aplaude
porque a manos vacías
elijo quitarme un ojo.
Amor, en esta cuenca sangrando
aún sobrevives.
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