Juglar español
Poeta fiel al portal
Las concurridas calles que, a tropel,
inundan de calor nuestra ciudad
con pasos que han pisado
los versos, con su propia identidad,
del trozo de papel
perdido de su dueño,
quien llenó de razón el folio en blanco
y dotó de sentido cada sueño.
Huido en esa hoja,
la esencia del relato se despoja
buscando libertad.
Voló, dejando huérfano al poema;
sin dar explicación
partieron con un ruego de disculpa
las líneas que escribieron nuestro tema
y así librar la carga de la culpa
de haber a su poeta abandonado,
saldando cada beso que no ha dado
tratando de alcanzar su redención.
Soplado en un despiste
por una leve ráfaga de viento
el aire lo arrastró;
quizás de un tropezón
momentos antes de cuando te fuiste
y no te volví a ver.
Marchó con su lamento
colmado de palabras que no dije
por no creerme capaz,
dejando tras de si su sufrimiento
queriendo con su acción sentirse en paz.
Se antoja suficiente
la estrofa que es final de esta conjura;
los restos del pedazo,
anhelo de aventura,
que evocan el ayer en cada trazo
y explican con cariño los motivos,
porqués por los que se rompió el flechazo,
con que dijiste adiós.
Después de deambular por mil lugares
y llevarse consigo
la gracia que me inspira en cada verso,
la musa que me arropa y me da abrigo,
la cruz de la moneda, mi reverso,
mi yo, mi realidad...
es cuando de repente,
sin saber de qué modo
la magia del ambiente,
de entre la multitud de tanta gente,
fundiéndolo en un todo
unió esa estrofa junto a tu persona,
pues eras tú los versos del mensaje
de ese papel roído y arrugado,
aquel que había volado,
que dicen que desandes el viaje
pidiéndote que vuelvas a mi lado.
inundan de calor nuestra ciudad
con pasos que han pisado
los versos, con su propia identidad,
del trozo de papel
perdido de su dueño,
quien llenó de razón el folio en blanco
y dotó de sentido cada sueño.
Huido en esa hoja,
la esencia del relato se despoja
buscando libertad.
Voló, dejando huérfano al poema;
sin dar explicación
partieron con un ruego de disculpa
las líneas que escribieron nuestro tema
y así librar la carga de la culpa
de haber a su poeta abandonado,
saldando cada beso que no ha dado
tratando de alcanzar su redención.
Soplado en un despiste
por una leve ráfaga de viento
el aire lo arrastró;
quizás de un tropezón
momentos antes de cuando te fuiste
y no te volví a ver.
Marchó con su lamento
colmado de palabras que no dije
por no creerme capaz,
dejando tras de si su sufrimiento
queriendo con su acción sentirse en paz.
Se antoja suficiente
la estrofa que es final de esta conjura;
los restos del pedazo,
anhelo de aventura,
que evocan el ayer en cada trazo
y explican con cariño los motivos,
porqués por los que se rompió el flechazo,
con que dijiste adiós.
Después de deambular por mil lugares
y llevarse consigo
la gracia que me inspira en cada verso,
la musa que me arropa y me da abrigo,
la cruz de la moneda, mi reverso,
mi yo, mi realidad...
es cuando de repente,
sin saber de qué modo
la magia del ambiente,
de entre la multitud de tanta gente,
fundiéndolo en un todo
unió esa estrofa junto a tu persona,
pues eras tú los versos del mensaje
de ese papel roído y arrugado,
aquel que había volado,
que dicen que desandes el viaje
pidiéndote que vuelvas a mi lado.
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