Hay siglos sin vientre, fósiles de un acaso lunar,
dentaduras en el ovillo de la música que fue eco
de un osario. Tengo en la piel mil vértebras de alud,
tengo el palacio de rotundas elipses que nació dibujo
en el iris o quizá lo nombró. Tú navegas en caballos
escarlata y yo pregunto por la red o por el rostro joven
de un náufrago que no tuvo estío. Llegan los turistas
con la flores caídas y un paso de arcángel que trasnocha
o miente. Busco el aire como un racimo que se aleja,
busco los collares que maldicen el signo, igual
que los pentagramas cuando atosigan su fe. Hoy
será un sueño lo que no dice la noche. En el rumor
de los puentes, en sus vestidos de anfibio y alelí
yo escucho leyendas que no han nacido aún, caracolas
que se excitan como novicias en celo, destruidos mundos
sin oasis, el licor suave de la amatista y el párpado noble
del dolor. Nadie escribe sobre la piel del sol su destino.
Nadie.
dentaduras en el ovillo de la música que fue eco
de un osario. Tengo en la piel mil vértebras de alud,
tengo el palacio de rotundas elipses que nació dibujo
en el iris o quizá lo nombró. Tú navegas en caballos
escarlata y yo pregunto por la red o por el rostro joven
de un náufrago que no tuvo estío. Llegan los turistas
con la flores caídas y un paso de arcángel que trasnocha
o miente. Busco el aire como un racimo que se aleja,
busco los collares que maldicen el signo, igual
que los pentagramas cuando atosigan su fe. Hoy
será un sueño lo que no dice la noche. En el rumor
de los puentes, en sus vestidos de anfibio y alelí
yo escucho leyendas que no han nacido aún, caracolas
que se excitan como novicias en celo, destruidos mundos
sin oasis, el licor suave de la amatista y el párpado noble
del dolor. Nadie escribe sobre la piel del sol su destino.
Nadie.