Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aún era invisible la mañana
y el aire todavía olía a lechuza.
Las sombras, adormecidas,
se afanaban en desperezarse.
El viento del norte golpeó
en mi ventana y se abrazó a mí.
Venia, borracho de noche
y oliendo a tormenta.
Su mirada era muy triste
como la de un lobo solitario
vagabundo y sin rumbo.
Por un minuto, me miro a los ojos,
parecía un amante estrafalario,
me cortejó, acariciando mi cara,
quede helada ,yerta, fría…
El vaho de su aliento
enturbió los cristales,
resopló interrumpiendo su vagar.
y el aire todavía olía a lechuza.
Las sombras, adormecidas,
se afanaban en desperezarse.
El viento del norte golpeó
en mi ventana y se abrazó a mí.
Venia, borracho de noche
y oliendo a tormenta.
Su mirada era muy triste
como la de un lobo solitario
vagabundo y sin rumbo.
Por un minuto, me miro a los ojos,
parecía un amante estrafalario,
me cortejó, acariciando mi cara,
quede helada ,yerta, fría…
El vaho de su aliento
enturbió los cristales,
resopló interrumpiendo su vagar.
Con el etéreo arrobamiento,
de un experto exorcista,
ahuyetó todos mis demonios
y desapareció ,dejando su latido
tras la sutil niebla
que despertaba en la mañana.
Carmen
de un experto exorcista,
ahuyetó todos mis demonios
y desapareció ,dejando su latido
tras la sutil niebla
que despertaba en la mañana.
Carmen
No te importe caer, si luego te levantas.
Un millon de besosssss, familia literaria
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