El vuelo de la libertad XI (o cómo la tierra se libra de nosotros)



Se parece este invierno a los antiguos
azotes de las lluvias permanentes,
goteras que improvisan recipientes
con mensajes de códigos ambiguos.

Aún son los aludes algo exiguos,
reservan sabiamente sus torrentes
para arrasar de lleno con las gentes
por corredores de barrial contiguos.

Se agota la mirada compasiva.
Ya somos de la tierra negra costra.
Una carga pesada y destructiva.

Con fuerza la natura nos enrostra
que a pesar de nosotros sigue viva.
La perla es una herida para la ostra.
 
Última edición:

Se parece este invierno a los antiguos
azotes de las lluvias permanentes,
goteras que improvisan recipientes
con mensajes de códigos ambiguos.

Aún son los aludes algo exiguos,
reservan sabiamente sus torrentes
para arrazar de lleno con las gentes
por corredores de barrial contiguos.

Se agota la mirada compasiva.
Ya somos de la tierra negra costra.
Una carga pesada y destructiva.

Con fuerza la natura nos enrostra
que a pesar de nosotros sigue viva.
La perla es una herida para la ostra.
Demasiadas perlas para una ostra. No es extraño que la ostra ya no soporte tanta perla, tanta impureza.
Por cierto, la palabra "arrazar" no me viene en el diccionario. Quizás "arrasar" pudiera poner orden ante tanto cambio climático y tan poco afán por remediarlo.
Me encantó el soneto, Good...
 
Demasiadas perlas para una ostra. No es extraño que la ostra ya no soporte tanta perla, tanta impureza.
Por cierto, la palabra "arrazar" no me viene en el diccionario. Quizás "arrasar" pudiera poner orden ante tanto cambio climático y tan poco afán por remediarlo.
Me encantó el soneto, Good...
No viene en ninguna parte.
Muchas gracias, Alonso.
Un abrazo.
 

Se parece este invierno a los antiguos
azotes de las lluvias permanentes,
goteras que improvisan recipientes
con mensajes de códigos ambiguos.

Aún son los aludes algo exiguos,
reservan sabiamente sus torrentes
para arrasar de lleno con las gentes
por corredores de barrial contiguos.

Se agota la mirada compasiva.
Ya somos de la tierra negra costra.
Una carga pesada y destructiva.

Con fuerza la natura nos enrostra
que a pesar de nosotros sigue viva.
La perla es una herida para la ostra.


La tierra, nuestro planeta, tampoco se salva de la prisión a la que la sometemos los humanos, nosotros la taladramos, la destruimos, el mar ya no puede con los deshechos kilométricos, que deambulan sobre sus aguas. Provocamos los cambios climáticos que harán desaparecer a extraordinarias especies, y la tierra tiembla, se resquebraja, es presa de la locura de unos y la desidia de otros. También la tierra carga pesadas cadenas y no puede librarse de ellas su vuelo de libertad es librarse de nosotros, hay demasiadas heridas ¿Quién la escucha?...
No sé si he captado el mensaje, estimado Sergio, no tengo es habilidad tuya, para extraer el corazón del poema, pero esto me ha parecido ver.G
Gracia por dejarnos una vez más esta nueva versión que enriquece nuestro espacio, por tu arte, por permanecer aquí.
Un beso, Sergio.
Isabel
Depende de los poderosos de los dueños del mundo, de los locos que lo dirigen
 
La tierra, nuestro planeta, tampoco se salva de la prisión a la que la sometemos los humanos, nosotros la taladramos, la destruimos, el mar ya no puede con los deshechos kilométricos, que deambulan sobre sus aguas. Provocamos los cambios climáticos que harán desaparecer a extraordinarias especies, y la tierra tiembla, se resquebraja, es presa de la locura de unos y la desidia de otros. También la tierra carga pesadas cadenas y no puede librarse de ellas su vuelo de libertad es librarse de nosotros, hay demasiadas heridas ¿Quién la escucha?...
No sé si he captado el mensaje, estimado Sergio, no tengo es habilidad tuya, para extraer el corazón del poema, pero esto me ha parecido ver.G
Gracia por dejarnos una vez más esta nueva versión que enriquece nuestro espacio, por tu arte, por permanecer aquí.
Un beso, Sergio.
Isabel
Depende de los poderosos de los dueños del mundo, de los locos que lo dirigen
Es un rollo con la lluvia "sanadora" de una tierra consciente.
Un beso, Isabel.
 

Se parece este invierno a los antiguos
azotes de las lluvias permanentes,
goteras que improvisan recipientes
con mensajes de códigos ambiguos.

Aún son los aludes algo exiguos,
reservan sabiamente sus torrentes
para arrasar de lleno con las gentes
por corredores de barrial contiguos.

Se agota la mirada compasiva.
Ya somos de la tierra negra costra.
Una carga pesada y destructiva.

Con fuerza la natura nos enrostra
que a pesar de nosotros sigue viva.
La perla es una herida para la ostra.
Maravilloso soneto mi querido Sergio, somos hijos de la tierra y ella como buena madre nos ama y tolera pero llegarán momentos en que nos tendrá que dar una lección, hacemos un mal uso de nuestra libertad y eso conlleva sus consecuencias......muáááááacksssssss
 

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