Él y ella

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa

(…) Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

(…) Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.


«Palabras para Julia»
José Agustín Goytisolo

ÉL Y ELLA

Él,
con sus ideas espirales
brotando de los verdes manantiales de su mente
mientras los epicentros de sus pupilas de azabache
crepitan en la lumbre cenital de su inquieta mirada.
La idea va, la idea vuelve, en las ondas peregrinas de sus gongs iluminados.
Él, tan sorprendido —en todo momento— por todo lo nuevo, ¡que lo es todo!
Las pupilas son la cimbra de sus atropelladas palabras,
como lo son también las blancas palomas de sus manos,
y su cadera de peonza,
y la escultura móvil de sus muecas...,
porque todo, todo vale,
para apuntalar a la tan humana e imperfecta gramática.
—La gramática jamás fue, ni será, más que una burda copia del espíritu sensible—.

A veces, cuando lo veo desnudo y desgarbado ante el mundo
me pregunto de qué me suena el niño que contemplo…

Él, con su ilustre inocencia anotada en las crestas de sus labios
al contarme, solemne, desde el quicio de la cama,
los detalles de sus próximas aventuras.
Y es que se me envejece el alma
de solo pensar que perderá la cándida inocencia de su ser...
Simplemente se esfumará
cómo tantas y tantas otras cosas
cuando uno se hace,
inevitablemente,
«mayor».


Ella,
con sus silencios heredados de la brisa cosida a la nieve
que reposa en las agujas de los abetos
y en las pieles elegantes de los abedules.
Aquel bosque íntimo es el refugio que resguarda un claro,
un claro que lleva su nombre.

Es ella una tesela de silencios contradictorios que reclaman ser comprendidos.
Ella conoce la alquimia del sutil vibrato que subyuga el alma sensitiva,
pues le sobran unas lenguas de pintura y el cabello de un pincel
para expresar como nadie por qué la belleza otorga sentido a la vida.
Ella tiene dorso de golondrina y envés de gato
(como su abuela),
ella es
el fruto del madroño.
Me conmueve tanto esa presunta indiferencia con que acompaña sus gestos…
Me conmueve el instante escorzado en su mirada,
su torpeza con el abrazo
(que tanto desea)
y ese pudor con el beso
(que le da la vida).


Él y ella, mis ángeles,
frente a un futuro de innumerables puertas
que golpean levemente contra sus marcos.
Lo sé, resulta ridículo: pero guardo miedo al futuro.
Tengo miedo de que llegue el día en que sus pasos no dejen huella
—la ceniza en las pupilas y el bosque sin su brisa—.
Tengo miedo que de pronto se cierre la puerta
y me quede rebuscando
como un jodido loco
las llaves en su felpudo,
mientras alguien, al otro lado,

apaga la luz.​


…Pero esto son cosas mías,
vosotros, a lo vuestro.
Explorad la belleza que aguarda en las esquinas de lo cotidiano,
y nunca,
¡nunca dejéis de conjugar el verbo amar con vuestros labios escarlata!,
y cuando os sintáis perdidos o solos
recordad, hijos míos, que todo,
absolutamente todo,
pasa en esta vida.


Kalkbadan
Madrid, 8 de febrero de 2016




 
Última edición:
No tengas miedo, disfrútalos y que ellos disfruten de ti,
yo no suelo pensar en el futuro y menos mal,
ya bastante atormenta el presenta y el pasado, asique a vivir el día a dia,

Sólo hay que procurar que no abran la puerta equivocada cuando llegue ese día,
y si lo hacen ser conscientes de que dependen de ellos e hicimos todo lo que estaba en nuestras manos,
de todas formas la teoría suele ser más fácil ajajaj

Y si un día se te van al Caribe, pues no estarán tan mal los jodíos,
te lo garantizo por las fotos que me manda (de alguna amiguita también) ajajaj

A vivir al día, que es lo que tenemos más cerca, el primer jefe que tuve en Madrid me decía, la obra irá pidiendo material.

Espero que ellos disfruten mucho del precioso poema que les has dedicado.
 
(…) Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

(…) Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.


«Palabras para Julia»
José Agustín Goytisolo

ÉL Y ELLA

Él,
con sus ideas espirales
brotando de los verdes manantiales de su mente
mientras los epicentros de sus pupilas de azabache
crepitan en la lumbre cenital de su inquieta mirada.
La idea va, la idea vuelve, en las ondas peregrinas de sus gongs iluminados.
Él, tan sorprendido —en todo momento— por todo lo nuevo, ¡que lo es todo!
Las pupilas son la cimbra de sus atropelladas palabras,
y las blancas palomas de sus manos,
y su cadera de peonza,
y la escultura móvil de sus muecas,
¡todo vale!
para apuntalar a la tan humana e imperfecta gramática…
—La gramática jamás fue, ni será, más que una burda regresión del espíritu sensible—.

A veces, cuando lo veo desnudo y desgarbado ante el mundo
me pregunto de qué me suena el niño que contemplo…
Él, con su ilustre inocencia que se inscribe en las crestas de sus labios
al contarme, solemne, desde el quicio de la cama,
los detalles de sus próximas aventuras.
Y es que se me envejece el alma
de solo pensar que perderá la cándida inocencia de su ser.
Simplemente se esfumará
cómo tantas y tantas otras cosas
cuando uno se hace,
inevitablemente,
«mayor».


Ella,
con sus silencios heredados de la brisa cosida a la nieve
que reposa en las agujas de los abetos
y en las pieles elegantes de los abedules.
Aquel bosque íntimo es el refugio que resguarda un claro,
un claro que lleva su nombre.

Y es que ella es una tesela de silencios contradictorios que reclaman ser comprendidos.
Ella conoce la alquimia del sutil vibrato que subyuga el alma sensitiva.
Le sobran unas lenguas de pintura y el cabello de un pincel
para expresar como nadie por qué la belleza otorga sentido a la vida.
Ella tiene dorso de golondrina y envés de gato,
ella es
el fruto del madroño.
Me conmueve tanto esa presunta indiferencia con que acompaña sus gestos…
Me conmueve el instante escorzado en su mirada,
su torpeza con el abrazo
(que tanto desea)
y ese pudor con el beso
(que le da la vida).


Él y ella, mis ángeles,
frente a un futuro de infinitas puertas
que golpean levemente contra sus marcos.
Lo sé, resulta ridículo: pero tengo miedo al futuro.
Tengo miedo de que llegue el día en que sus pasos no dejen huella
—la ceniza en las pupilas y el bosque sin su brisa—.
Tengo miedo
que de pronto
se cierre la puerta
y me quede rebuscando la llave
como un loco
acurrucado en su felpudo.
…Pero esto son cosas mías.

Vosotros, a lo vuestro:
explorad la belleza que aguarda en las esquinas de lo cotidiano,
¡nunca dejéis de conjugar el verbo amar con vuestros labios escarlata!,
y cuando os sintáis perdidos o solos
recordad, hijos míos, que todo,
absolutamente todo,
pasa en esta vida.


Kalkbadan
Madrid, 8 de febrero de 2016




Me he emocionado al leerlo, Andreas.
Vaya poemazo
Tus hijos deben estar orgullosos de ti, yo lo estoy.
Eres un grandísimo poeta.
Gracias por escribir cosas tan especiales.
Me encantaría publicar en mi blog este poema, junto con alguno mío y algun poema de alguien ya reconocido.
Ya me contarás si no tienes inconveniente.
Un fortísimo abrazo, poeta amigo
 
¡todo vale!
para apuntalar a la tan humana e imperfecta gramática…
—La gramática jamás fue, ni será, más que una burda regresión del espíritu sensible—.



Y es que ella es una tesela de silencios contradictorios que reclaman ser comprendidos.
Ella conoce la alquimia del sutil vibrato que subyuga el alma sensitiva.
Le sobran unas lenguas de pintura y el cabello de un pincel
para expresar como nadie por qué la belleza otorga sentido a la vida.
Ella tiene dorso de golondrina y envés de gato,
ella es
el fruto del madroño.
Me conmueve tanto esa presunta indiferencia con que acompaña sus gestos…
Me conmueve el instante escorzado en su mirada,
su torpeza con el abrazo
(que tanto desea)
y ese pudor con el beso
(que le da la vida).



Tengo miedo
que de pronto
se cierre la puerta
y me quede rebuscando la llave
como un loco
acurrucado en su felpudo.
…Pero esto son cosas mías.



y cuando os sintáis perdidos o solos
recordad, hijos míos, que todo,
absolutamente todo,
pasa en esta vida.


He destacado arriba las estrofas y los versos que más me han gustado (la cuarta estrofa entera: "Y es que ella..." es fantástica), pero es que todo el poema impresiona por la belleza de sus "fotografías", y por la sinceridad y sensibilidad que despliegas en la parte final de la obra, todo ello escrito sobre un fondo de amor paternal infinito (como debe ser), y con un cierre realista y perfecto.

Y entrando en la "chicha" del poema, pues sí, Andreas, debe dar miedo "lanzar" a este mundo y a esta vida a quienes tanto quieres, a este mundo que ni siquiera uno sabe descifrar a estas alturas. Pero como bien dice Elena, llega un momento en que ellos se convierten en los máximos responsables de sus propias vidas, como un día lo fuiste tú y lo fuimos todos. Tú seguirás ayudándoles con tu experiencia y ellos adquirirán la suya propia, es ley de vida, y como dices en tus versos: La vida también está llena de belleza.

Una gran obra, mi querido amigo. Mi sincera felicitación y un fuerte abrazo.
 
Última edición por un moderador:
(…) Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

(…) Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.


«Palabras para Julia»
José Agustín Goytisolo

ÉL Y ELLA

Él,
con sus ideas espirales
brotando de los verdes manantiales de su mente
mientras los epicentros de sus pupilas de azabache
crepitan en la lumbre cenital de su inquieta mirada.
La idea va, la idea vuelve, en las ondas peregrinas de sus gongs iluminados.
Él, tan sorprendido —en todo momento— por todo lo nuevo, ¡que lo es todo!
Las pupilas son la cimbra de sus atropelladas palabras,
y las blancas palomas de sus manos,
y su cadera de peonza,
y la escultura móvil de sus muecas,
¡todo vale!
para apuntalar a la tan humana e imperfecta gramática…
—La gramática jamás fue, ni será, más que una burda regresión del espíritu sensible—.

A veces, cuando lo veo desnudo y desgarbado ante el mundo,
me pregunto de qué me suena el niño que contemplo…

Él, con su ilustre inocencia que se inscribe en las crestas de sus labios
al contarme, solemne, desde el quicio de la cama,
los detalles de sus próximas aventuras.
Y es que se me envejece el alma
de solo pensar que perderá la cándida inocencia de su ser...
Simplemente se esfumará
cómo tantas y tantas otras cosas
cuando uno se hace,
inevitablemente,
«mayor».


Ella,
con sus silencios heredados de la brisa cosida a la nieve
que reposa en las agujas de los abetos
y en las pieles elegantes de los abedules.
Aquel bosque íntimo es el refugio que resguarda un claro,
un claro que lleva su nombre.

Es ella una tesela de silencios contradictorios que reclaman ser comprendidos.
Ella conoce la alquimia del sutil vibrato que subyuga el alma sensitiva.
Le sobran unas lenguas de pintura y el cabello de un pincel
para expresar como nadie por qué la belleza otorga sentido a la vida.
Ella tiene dorso de golondrina y envés de gato,
ella es
el fruto del madroño.
Me conmueve tanto esa presunta indiferencia con que acompaña sus gestos…
Me conmueve el instante escorzado en su mirada,
su torpeza con el abrazo
(que tanto desea)
y ese pudor con el beso
(que le da la vida).


Él y ella, mis ángeles,
frente a un futuro de infinitas puertas
que golpean levemente contra sus marcos.
Lo sé, resulta ridículo: pero tengo miedo al futuro.
Tengo miedo de que llegue el día en que sus pasos no dejen huella
—la ceniza en las pupilas y el bosque sin su brisa—.
Tengo miedo
que de pronto
se cierre la puerta
y me quede rebuscando la llave
como un loco
acurrucado en su felpudo.
…Pero esto son cosas mías.

Vosotros, a lo vuestro:
explorad la belleza que aguarda en las esquinas de lo cotidiano,
¡nunca dejéis de conjugar el verbo amar con vuestros labios escarlata!,
y cuando os sintáis perdidos o solos
recordad, hijos míos, que todo,
absolutamente todo,
pasa en esta vida.


Kalkbadan
Madrid, 8 de febrero de 2016



Estrofas que son fondo de amor transparente e infinito. este mundo
descifrar sus estancias. todos afligidos en una experiencia de vida
donde el testigo es contemplacion de entrega. felicidades.
magnifico. luzyabsenta
 
No tengas miedo, disfrútalos y que ellos disfruten de ti,
yo no suelo pensar en el futuro y menos mal,
ya bastante atormenta el presenta y el pasado, asique a vivir el día a dia,

Sólo hay que procurar que no abran la puerta equivocada cuando llegue ese día,
y si lo hacen ser conscientes de que dependen de ellos e hicimos todo lo que estaba en nuestras manos,
de todas formas la teoría suele ser más fácil ajajaj

Y si un día se te van al Caribe, pues no estarán tan mal los jodíos,
te lo garantizo por las fotos que me manda (de alguna amiguita también) ajajaj

A vivir al día, que es lo que tenemos más cerca, el primer jefe que tuve en Madrid me decía, la obra irá pidiendo material.

Espero que ellos disfruten mucho del precioso poema que les has dedicado.

¡Elenita!
Nos convierten en seres vulnerables desde el mismo instante en el que nos clavan su mirada y toman su primera bocanada de aire. Las mujeres lo sabéis mejor que nadie. No diría que el sentimiento de los padres hacia sus hijos sea amor, ellos son, literalmente, un órgano vital más. Es una vulnerabilidad en una sola dirección.

Y sí, compañera, no está en nuestra manos las infinitas posibles puertas que puedan abrir, más allá de la influencia que podamos ejercer. Y es que es sano, diría que imprescindible, que «maten al padre». Ellos tienen que tropezar con la misma piedra, perder en el amor, entristecerse...

Pero ese proceso de «hacerse mayores», a veces, me llena de desasosiego... Como comentaba en el poema se me envejece el alma al contemplar cómo van dejando atrás la inocencia maravillosa de la niñez. Decía Nietzsche "La madurez es recuperar la seriedad con la que se jugaba cuando se era niño".

A vivir al día. La primavera, pronto es primavera, amiga.
Un abrazo fuerte.
 
Última edición:
Me he emocionado al leerlo, Andreas.
Vaya poemazo
Tus hijos deben estar orgullosos de ti, yo lo estoy.
Eres un grandísimo poeta.
Gracias por escribir cosas tan especiales.
Me encantaría publicar en mi blog este poema, junto con alguno mío y algun poema de alguien ya reconocido.
Ya me contarás si no tienes inconveniente.
Un fortísimo abrazo, poeta amigo

Sinceramente me emociona que te emocione estimado Adolfo.
Tú lo sabes bien, el sentimiento hacia los hijos no se puede expresar con palabras.
Estoy encantado de que publiques el poema donde quieras.
Igualmente te mando un fuerte abrazo.
Muchas gracias por tu presencia.
 
He destacado arriba las estrofas y los versos que más me han gustado (la cuarta estrofa entera: "Y es que ella..." es fantástica), pero es que todo el poema impresiona por la belleza de sus "fotografías", y por la sinceridad y sensibilidad que despliegas en la parte final de la obra, todo ello escrito sobre un fondo de amor paternal infinito (como debe ser), y con un cierre realista y perfecto.

Y entrando en la "chicha" del poema, pues sí, Andreas, debe dar miedo "lanzar" a este mundo y a esta vida a quienes tanto quieres, a este mundo que ni siquiera uno sabe descifrar a estas alturas. Pero como bien dice Elena, llega un momento en que ellos se convierten en los máximos responsables de sus propias vidas, como un día lo fuiste tú y lo fuimos todos. Tú seguirás ayudándoles con tu experiencia y ellos adquirirán la suya propia, es ley de vida, y como dices en tus versos: La vida también está llena de belleza.

Una gran obra, mi querido amigo. Mi sincera felicitación y un fuerte abrazo.

¡Querido Luis!
Mi niña heredó los silencios, ese dorso de golondrina y ese envés de gato. Él, sin embargo, no vende tan caros los besos, jaja
Qué bien describiste el vértigo que se siente, efectivamente: [ellos en] este mundo que ni siquiera uno sabe descifrar a estas alturas.

Como comentaba a Elena, a veces se llena uno de melancolía al darse cuenta como los hijos van dejando atrás la niñez. Se hacen mayores. Esculpir la propia personalidad es un proceso, por así decirlo «artificial», muy sometido a las inclemencias, circunstancias particulares del entorno en cada instante. Inevitablemente en este proceso se levantan muros, surgen miedos, y nos imponemos una serie de limitaciones vitales que nada tienen que ver con la LIBERTAD que manejamos entonces, cuando éramos niños.
Un verdadero gusto tu paso, como siempre.
Te mando un fuerte abrazo, amigo.
 
Estrofas que son fondo de amor transparente e infinito. este mundo
descifrar sus estancias. todos afligidos en una experiencia de vida
donde el testigo es contemplacion de entrega. felicidades.
magnifico. luzyabsenta

¡Compañero!
Agradezco enormemente tu comentario, comentarios siempre cargados de luz genuina y de verdad.
Un saludo, y sigue bien.
 
Última edición:
Sensibilidad, belleza y sabiduría desbordadas en estos versos, cuanto más leo este poema más me gusta. Un abrazo, amigo.
 
(…) Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

(…) Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.


«Palabras para Julia»
José Agustín Goytisolo

ÉL Y ELLA

Él,
con sus ideas espirales
brotando de los verdes manantiales de su mente
mientras los epicentros de sus pupilas de azabache
crepitan en la lumbre cenital de su inquieta mirada.
La idea va, la idea vuelve, en las ondas peregrinas de sus gongs iluminados.
Él, tan sorprendido —en todo momento— por todo lo nuevo, ¡que lo es todo!
Las pupilas son la cimbra de sus atropelladas palabras,
y las blancas palomas de sus manos,
y su cadera de peonza,
y la escultura móvil de sus muecas,
¡todo vale!
para apuntalar a la tan humana e imperfecta gramática…
—La gramática jamás fue, ni será, más que una burda regresión del espíritu sensible—.

A veces, cuando lo veo desnudo y desgarbado ante el mundo,
me pregunto de qué me suena el niño que contemplo…

Él, con su ilustre inocencia que se inscribe en las crestas de sus labios
al contarme, solemne, desde el quicio de la cama,
los detalles de sus próximas aventuras.
Y es que se me envejece el alma
de solo pensar que perderá la cándida inocencia de su ser...
Simplemente se esfumará
cómo tantas y tantas otras cosas
cuando uno se hace,
inevitablemente,
«mayor».


Ella,
con sus silencios heredados de la brisa cosida a la nieve
que reposa en las agujas de los abetos
y en las pieles elegantes de los abedules.
Aquel bosque íntimo es el refugio que resguarda un claro,
un claro que lleva su nombre.

Es ella una tesela de silencios contradictorios que reclaman ser comprendidos.
Ella conoce la alquimia del sutil vibrato que subyuga el alma sensitiva.
Le sobran unas lenguas de pintura y el cabello de un pincel
para expresar como nadie por qué la belleza otorga sentido a la vida.
Ella tiene dorso de golondrina y envés de gato,
ella es
el fruto del madroño.
Me conmueve tanto esa presunta indiferencia con que acompaña sus gestos…
Me conmueve el instante escorzado en su mirada,
su torpeza con el abrazo
(que tanto desea)
y ese pudor con el beso
(que le da la vida).


Él y ella, mis ángeles,
frente a un futuro de infinitas puertas
que golpean levemente contra sus marcos.
Lo sé, resulta ridículo: pero tengo miedo al futuro.
Tengo miedo de que llegue el día en que sus pasos no dejen huella
—la ceniza en las pupilas y el bosque sin su brisa—.
Tengo miedo
que de pronto
se cierre la puerta
y me quede rebuscando la llave
como un loco
acurrucado en su felpudo.
…Pero esto son cosas mías.

Vosotros, a lo vuestro:
explorad la belleza que aguarda en las esquinas de lo cotidiano,
¡nunca dejéis de conjugar el verbo amar con vuestros labios escarlata!,
y cuando os sintáis perdidos o solos
recordad, hijos míos, que todo,
absolutamente todo,
pasa en esta vida.


Kalkbadan
Madrid, 8 de febrero de 2016




Hermoso y emotivo poema lleno de amor de padre le dedicas a tus hijos :)
ha sido todo un placer pasar a leerte buen poeta, Felicidades, tus hijos estarán orgullosos
por tu amor presente hasta en el por siempre de tus hermosas letras... Un cordial saludo
 
Hermoso y emotivo poema lleno de amor de padre le dedicas a tus hijos :)
ha sido todo un placer pasar a leerte buen poeta, Felicidades, tus hijos estarán orgullosos
por tu amor presente hasta en el por siempre de tus hermosas letras... Un cordial saludo

¡Kei! Me alegra mucho saber que te gustaron estos versos, desde luego especiales para mí.
Gracias por tu delicado y hermoso comentario.
Un cordial saludo, y sigue bien.
 
  • Me gusta
Reacciones: Kei
¡Compañero!
Agradezco enormemente tu comentario, comentarios siempre cargados de luz genuina y de verdad.
Un saludo, y sigue bien.
A leer otra vez se aprecian mas los contenidos y una
sensibilidad que se ancla en los sentimientos. gracias
por la amable respuesta. saludos de luzyabsenta
 
(…) Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

(…) Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.


«Palabras para Julia»
José Agustín Goytisolo

ÉL Y ELLA

Él,
con sus ideas espirales
brotando de los verdes manantiales de su mente
mientras los epicentros de sus pupilas de azabache
crepitan en la lumbre cenital de su inquieta mirada.
La idea va, la idea vuelve, en las ondas peregrinas de sus gongs iluminados.
Él, tan sorprendido —en todo momento— por todo lo nuevo, ¡que lo es todo!
Las pupilas son la cimbra de sus atropelladas palabras,
como lo son también las blancas palomas de sus manos,
y su cadera de peonza,
y la escultura móvil de sus muecas...,
porque todo, todo vale,
para apuntalar a la tan humana e imperfecta gramática.
—La gramática jamás fue, ni será, más que una burda copia del espíritu sensible—.

A veces, cuando lo veo desnudo y desgarbado ante el mundo
me pregunto de qué me suena el niño que contemplo…

Él, con su ilustre inocencia anotada en las crestas de sus labios
al contarme, solemne, desde el quicio de la cama,
los detalles de sus próximas aventuras.
Y es que se me envejece el alma
de solo pensar que perderá la cándida inocencia de su ser...
Simplemente se esfumará
cómo tantas y tantas otras cosas
cuando uno se hace,
inevitablemente,
«mayor».


Ella,
con sus silencios heredados de la brisa cosida a la nieve
que reposa en las agujas de los abetos
y en las pieles elegantes de los abedules.
Aquel bosque íntimo es el refugio que resguarda un claro,
un claro que lleva su nombre.

Es ella una tesela de silencios contradictorios que reclaman ser comprendidos.
Ella conoce la alquimia del sutil vibrato que subyuga el alma sensitiva,
pues le sobran unas lenguas de pintura y el cabello de un pincel
para expresar como nadie por qué la belleza otorga sentido a la vida.
Ella tiene dorso de golondrina y envés de gato
(como su abuela),
ella es
el fruto del madroño.
Me conmueve tanto esa presunta indiferencia con que acompaña sus gestos…
Me conmueve el instante escorzado en su mirada,
su torpeza con el abrazo
(que tanto desea)
y ese pudor con el beso
(que le da la vida).


Él y ella, mis ángeles,
frente a un futuro de innumerables puertas
que golpean levemente contra sus marcos.
Lo sé, resulta ridículo: pero guardo miedo al futuro.
Tengo miedo de que llegue el día en que sus pasos no dejen huella
—la ceniza en las pupilas y el bosque sin su brisa—.
Tengo miedo que de pronto se cierre la puerta
y me quede rebuscando
como un jodido loco
las llaves en su felpudo,
mientras alguien, al otro lado,

apaga la luz.​


…Pero esto son cosas mías,
vosotros, a lo vuestro.
Explorad la belleza que aguarda en las esquinas de lo cotidiano,
y nunca,
¡nunca dejéis de conjugar el verbo amar con vuestros labios escarlata!,
y cuando os sintáis perdidos o solos
recordad, hijos míos, que todo,
absolutamente todo,
pasa en esta vida.


Kalkbadan
Madrid, 8 de febrero de 2016



Inspirador y bella la entrega cada letra entrelazada en la misma charla, grato leerte
 
(…) Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

(…) Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.


«Palabras para Julia»
José Agustín Goytisolo

ÉL Y ELLA

Él,
con sus ideas espirales
brotando de los verdes manantiales de su mente
mientras los epicentros de sus pupilas de azabache
crepitan en la lumbre cenital de su inquieta mirada.
La idea va, la idea vuelve, en las ondas peregrinas de sus gongs iluminados.
Él, tan sorprendido —en todo momento— por todo lo nuevo, ¡que lo es todo!
Las pupilas son la cimbra de sus atropelladas palabras,
como lo son también las blancas palomas de sus manos,
y su cadera de peonza,
y la escultura móvil de sus muecas...,
porque todo, todo vale,
para apuntalar a la tan humana e imperfecta gramática.
—La gramática jamás fue, ni será, más que una burda copia del espíritu sensible—.

A veces, cuando lo veo desnudo y desgarbado ante el mundo
me pregunto de qué me suena el niño que contemplo…

Él, con su ilustre inocencia anotada en las crestas de sus labios
al contarme, solemne, desde el quicio de la cama,
los detalles de sus próximas aventuras.
Y es que se me envejece el alma
de solo pensar que perderá la cándida inocencia de su ser...
Simplemente se esfumará
cómo tantas y tantas otras cosas
cuando uno se hace,
inevitablemente,
«mayor».


Ella,
con sus silencios heredados de la brisa cosida a la nieve
que reposa en las agujas de los abetos
y en las pieles elegantes de los abedules.
Aquel bosque íntimo es el refugio que resguarda un claro,
un claro que lleva su nombre.

Es ella una tesela de silencios contradictorios que reclaman ser comprendidos.
Ella conoce la alquimia del sutil vibrato que subyuga el alma sensitiva,
pues le sobran unas lenguas de pintura y el cabello de un pincel
para expresar como nadie por qué la belleza otorga sentido a la vida.
Ella tiene dorso de golondrina y envés de gato
(como su abuela),
ella es
el fruto del madroño.
Me conmueve tanto esa presunta indiferencia con que acompaña sus gestos…
Me conmueve el instante escorzado en su mirada,
su torpeza con el abrazo
(que tanto desea)
y ese pudor con el beso
(que le da la vida).


Él y ella, mis ángeles,
frente a un futuro de innumerables puertas
que golpean levemente contra sus marcos.
Lo sé, resulta ridículo: pero guardo miedo al futuro.
Tengo miedo de que llegue el día en que sus pasos no dejen huella
—la ceniza en las pupilas y el bosque sin su brisa—.
Tengo miedo que de pronto se cierre la puerta
y me quede rebuscando
como un jodido loco
las llaves en su felpudo,
mientras alguien, al otro lado,

apaga la luz.​


…Pero esto son cosas mías,
vosotros, a lo vuestro.
Explorad la belleza que aguarda en las esquinas de lo cotidiano,
y nunca,
¡nunca dejéis de conjugar el verbo amar con vuestros labios escarlata!,
y cuando os sintáis perdidos o solos
recordad, hijos míos, que todo,
absolutamente todo,
pasa en esta vida.


Kalkbadan
Madrid, 8 de febrero de 2016



Bella la idea del poema enmarcada en una certera y hermosa escritura. Me ha gustado mucho amigo Kalkbadan. Un abrazo. Paco.
 

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