Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ella.
Hermosamente profunda.
Lleva una vía láctea encendida en la mirada
a veces, una luz amanecida
esparcida sobre el nardo sanguíneo del celaje
entre las fuentes fugitivas
que avecinan sus simientes.
Ella.
Escandalosamente agraciada.
La simbiosis de la sombra vespertina
centelleando hondos collares sin origen
bajo prendas de sol
en movimientos cautelosos
sobre los anclajes del cobre,
socava su fibra interior
en éxtasis ceremonioso
de su total anatomía.
Ella.
Riqueza.
Ventura del hallazgo.
Pintura del instante en los ojos del silencio.
Guarida de las almas anestesiadas.
Hermosamente profunda.
Lleva una vía láctea encendida en la mirada
a veces, una luz amanecida
esparcida sobre el nardo sanguíneo del celaje
entre las fuentes fugitivas
que avecinan sus simientes.
Ella.
Escandalosamente agraciada.
La simbiosis de la sombra vespertina
centelleando hondos collares sin origen
bajo prendas de sol
en movimientos cautelosos
sobre los anclajes del cobre,
socava su fibra interior
en éxtasis ceremonioso
de su total anatomía.
Ella.
Riqueza.
Ventura del hallazgo.
Pintura del instante en los ojos del silencio.
Guarida de las almas anestesiadas.
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