• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

En el puente de los incendios mudos

León_es

...no soy poeta, solo escribo...

El puente no es piedra, es un arco de tensión,

donde el viento del río nos roba el aliento:

Hattie ajusta su abrigo con muda obsesión,

mientras yo puntual, como el mismo viento.


Ella me mira, observa ese mapa de roca,

y lucha por no estirar la mano y tocar la historia,

siento su perfume, que el aire trastoca,

y odio un poco por ser su memoria y su gloria.


Caminamos tan cerca que el roce es herida,

un chispazo eléctrico entre la seda y el cuero,

ella habla de excusas para sentirse con vida,

callo por miedo a decirle: "Te espero".


Mordemos un falafel como quien muerde el miedo,

sentados tan juntos que el viento se acaba;

me sugiere un "sur" con un torpe denuedo,

buscando una excusa para que no me vaya.


—La tierra no se elige—, le digo, con la voz quebrada,

queriendo decir que mi tierra ya es ella;

pero el orgullo es una muralla sagrada

y el prejuicio es un rastro que apaga la estrella.



Guardo sus mensajes como un rezo prohibido,

ella llora en su ático el frío de sus manos,

nos deseamos con un hambre de siglo perdido,

pero nos tratamos como dos extraños lejanos.


Nos damos la mano al fin, un contacto de fuego,

un adiós que es un ruego que nadie descifra,

nos damos la espalda rápido, en este cruel juego,

donde el amor es la única... invencible cifra.



“Caminamos sin mirar atrás; los dos guardando el calor y el halo, los labios temblorosos”
 

El puente no es piedra, es un arco de tensión,

donde el viento del río nos roba el aliento:

Hattie ajusta su abrigo con muda obsesión,

mientras yo puntual, como el mismo viento.


Ella me mira, observa ese mapa de roca,

y lucha por no estirar la mano y tocar la historia,

siento su perfume, que el aire trastoca,

y odio un poco por ser su memoria y su gloria.


Caminamos tan cerca que el roce es herida,

un chispazo eléctrico entre la seda y el cuero,

ella habla de excusas para sentirse con vida,

callo por miedo a decirle: "Te espero".


Mordemos un falafel como quien muerde el miedo,

sentados tan juntos que el viento se acaba;

me sugiere un "sur" con un torpe denuedo,

buscando una excusa para que no me vaya.


—La tierra no se elige—, le digo, con la voz quebrada,

queriendo decir que mi tierra ya es ella;

pero el orgullo es una muralla sagrada

y el prejuicio es un rastro que apaga la estrella.



Guardo sus mensajes como un rezo prohibido,

ella llora en su ático el frío de sus manos,

nos deseamos con un hambre de siglo perdido,

pero nos tratamos como dos extraños lejanos.


Nos damos la mano al fin, un contacto de fuego,

un adiós que es un ruego que nadie descifra,

nos damos la espalda rápido, en este cruel juego,

donde el amor es la única... invencible cifra.




“Caminamos sin mirar atrás; los dos guardando el calor y el halo, los labios temblorosos”
A pesar de la crueldad del juego, el amor persiste como la única cifra invencible que los une.

Saludos
 
Este poema habla de un amor contenido, imposible o no realizado, en el que el deseo existe con fuerza, pero nunca se concreta por orgullo, miedo y circunstancias internas.
En el “puente” —que no es físico sino emocional— ambos personajes, tú y Hattie, se encuentran en un espacio de tensión: están cerca, se sienten, se desean, pero no cruzan. Hay atracción evidente, casi dolorosa (“el roce es herida”, “un chispazo eléctrico”), pero también hay silencios más fuertes que las palabras. Tú callas por miedo a decir lo que sientes y ella busca excusas para sostener el momento sin nombrarlo.
El poema muestra cómo el amor puede existir sin realizarse: comen juntos, caminan juntos, se miran, pero todo ocurre en un plano donde lo importante nunca se dice. El orgullo y los prejuicios actúan como barreras invisibles (“muralla sagrada”, “rastro que apaga la estrella”), impidiendo que ese amor se convierta en algo real.
La parte final es clave: ambos se desean profundamente (“hambre de siglo perdido”), pero se tratan como extraños. Cuando finalmente se tocan —un simple gesto, como tomarse de la mano—, ese contacto se vuelve intenso, casi definitivo, pero también es una despedida. No hay resolución, solo separación.

En esencia, el poema dice:
Nos amamos, lo sabemos, pero no fuimos capaces de elegirnos.

Y por eso el cierre es tan fuerte:
El amor es “invencible”, no porque triunfa…
Sino porque permanece incluso cuando no se vive.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba