Ansel Arenas
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el vientre del día
En el vientre del día el sol guarda sus flamas, dará calor a lo que nace, sabe que despuntar bajo lechos
de siembra, es ser pacífica o rebelde semilla venida
de lejanas latitudes a germinar la vida, en apacibles valles o aciagos vertederos.
En el vientre del día los hijos de las rocas ríen
si el viento los roza y dejan oír su grotesca carcajada, por cada ser que atrapan en la dura realidad
de la caverna, les divierte verlos morir sumisos
sin pensar en el escape.
En el vientre del día gimen los árboles heridos
por el que clava la verde piel de su corteza,
en las paredes de su albergue y celebra volver paria
de la tierra a los que no tengan el blancor de su piel
o la rubia pelambré de su nefasta alcurnia,
como jugador procaz incita a la guerra en su privado campo de rojizo verde y su mar de muerte.
En el vientre del día los que se creen amos
del planeta y reparten en su arrogante paso,
odio y castigo, tendrán en su caída mucho
de lo suyo y en la orilla del sutil domo del cielo,
o en los fondos marinos se darán sus almas
autocastigos hasta sanar del mal y sus egos de fuego.
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