Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la loma, a los pies de la luna,
quiero labrar una terraza,
que tenga rosas y violetas,
azucenas blancas que el espacio abrazan.
Habrá espino albar y ciprés negro.
Tendré un altar en que encender velas
y trébol fresco al que lleguen
sin temor, confiadas, las gacelas.
De noche, a la luz de las estrellas,
se abrirán hermosas las damas
y perfumarán el aire que respiras
elevándote al cielo que amas.
Y tus ojos reirán con el pasar del agua
y tus oídos escucharán su canto entre guijarros.
Sonreirás en el rincón más umbrío.
Sentirás el lazo con que el corazón amarro.
Así tus manos suaves, como pétalos delicados
llegarán hasta mi rostro, acariciarán mis ojos.
Sabré que habitarás mi huerto,
que harás del dolor y la tristeza meros despojos.
quiero labrar una terraza,
que tenga rosas y violetas,
azucenas blancas que el espacio abrazan.
Habrá espino albar y ciprés negro.
Tendré un altar en que encender velas
y trébol fresco al que lleguen
sin temor, confiadas, las gacelas.
De noche, a la luz de las estrellas,
se abrirán hermosas las damas
y perfumarán el aire que respiras
elevándote al cielo que amas.
Y tus ojos reirán con el pasar del agua
y tus oídos escucharán su canto entre guijarros.
Sonreirás en el rincón más umbrío.
Sentirás el lazo con que el corazón amarro.
Así tus manos suaves, como pétalos delicados
llegarán hasta mi rostro, acariciarán mis ojos.
Sabré que habitarás mi huerto,
que harás del dolor y la tristeza meros despojos.
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