Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Encontré un camino buscándote,
un nido de palabras en la tierra húmeda.
Soñé que un bosque me miraba,
que en tus manos el sol reía,
que mi voz abría puertas,
que el silencio era mi amigo
y mi soledad una lluvia de preguntas.
Bailé con la noche y besé a un cigarrillo
mientras deletreaba un nombre a cámara lenta.
Conocí a un viento gruñón en mi ventana triste,
a una nube tímida que no hablaba.
Quise tener en el bolsillo una varita mágica,
en tus labios una salida de emergencia,
en mis versos una isla desierta,
un futuro travieso, una cama con ruedas,
un sofá con ventanas, un vestido suyo,
un grito de alegría, una lágrima huérfana,
una vida con ella, una muerte cariñosa,
un resucitar en su risa.
Temblé la primera vez que una palabra
aterrizó en mis dedos pidiéndome tiempo,
se lo di sin miedo y desde entonces
te busco en las paredes jóvenes,
en los rizos del río,
en las canciones de los árboles,
en los minutos despistados,
debajo de mi cama,
en mi sombrero roto,
en mis poemas cortos,
también en los largos,
en mis madrugadas perezosas
o durmiendo con un recuerdo
o yo solo
o en el latir de las calles
que recorro escribiendo.
Te he visto muchas veces en mis sueños
con tu melena de nubes danzando entre ángeles,
con tu sonrisa contagiosa dibujando deseos
y manantiales.
Eres mía porque te he creado
a golpe de frases, de ojos cansados,
atravesando lugares donde tu eco
recitaba poemas
que yo he guardado
en mi piel,
en mi sangre,
en mis huesos.
un nido de palabras en la tierra húmeda.
Soñé que un bosque me miraba,
que en tus manos el sol reía,
que mi voz abría puertas,
que el silencio era mi amigo
y mi soledad una lluvia de preguntas.
Bailé con la noche y besé a un cigarrillo
mientras deletreaba un nombre a cámara lenta.
Conocí a un viento gruñón en mi ventana triste,
a una nube tímida que no hablaba.
Quise tener en el bolsillo una varita mágica,
en tus labios una salida de emergencia,
en mis versos una isla desierta,
un futuro travieso, una cama con ruedas,
un sofá con ventanas, un vestido suyo,
un grito de alegría, una lágrima huérfana,
una vida con ella, una muerte cariñosa,
un resucitar en su risa.
Temblé la primera vez que una palabra
aterrizó en mis dedos pidiéndome tiempo,
se lo di sin miedo y desde entonces
te busco en las paredes jóvenes,
en los rizos del río,
en las canciones de los árboles,
en los minutos despistados,
debajo de mi cama,
en mi sombrero roto,
en mis poemas cortos,
también en los largos,
en mis madrugadas perezosas
o durmiendo con un recuerdo
o yo solo
o en el latir de las calles
que recorro escribiendo.
Te he visto muchas veces en mis sueños
con tu melena de nubes danzando entre ángeles,
con tu sonrisa contagiosa dibujando deseos
y manantiales.
Eres mía porque te he creado
a golpe de frases, de ojos cansados,
atravesando lugares donde tu eco
recitaba poemas
que yo he guardado
en mi piel,
en mi sangre,
en mis huesos.