Évano
Libre, sin dioses.
Ocupaban los jazmines las calles
de los pueblos de una Tierra de guerras.
Evitaban el contacto con ellas
unos hombres de cabezas sin ojos
y cerebros de soberbias idiotas.
Solitarias esperaban las flores
a que algunos se rajaran los párpados,
a que abrieran las narices al viento,
o que abrieran las orejas al verso.
Ojalá se derritieran los sesos
de los hombres de cabezas sin ojos,
de los hombres que no quieren los soles
ni las luces que reparten al mundo
la energía necesaria a los seres
que conviven en el mundo del agua.
Ojalá que los jazmines vencieran
a las manos que engatillan pistolas.
Las palabras y los versos se acaban.
Los jazmines de las calles marchitan.
Ya no quedan esperanzas ni tiempo.
*Tales endecasílabos son llamados no tradicionales, incluso muchos los niegan. Pero hay maestros, como Rubén Benítez, entre otros, que afirman "Que si tales metros se hubieran utilizado, hoy serían apreciados y reconocidos por el lector". Yo no lo dudo, yo los aprecio y reconozco; otra cosa es que no consiga con estos versos la belleza necesaria para ello. Se les saluda y agradece la visita.
*Para que sea de versos blancos una poesía no debe llevar rima alguna. En estos versos de mi autoría hay algunos con rima asonante, pero es fortuita. Quizá otros más capacitados que yo puedan reafirmar o negar lo aquí opinado.
La misma poesía pero mezclada con versos de base 4-7-10
Ocupaban los jazmines las calles
y las aceras de pueblos en guerras.
Evitaban el contacto con ellas
unos humanos de caras sin ojos
y cerebros de soberbios idiotas.
Solitarias esperaban las flores
a que los hombres rajaran sus párpados,
a que abrieran las narices al viento,
o que encararan orejas al verso.
Ojalá se derritieran los sesos
de los humanos de caras sin ojos,
de los hombres que no quieren los soles
ni las luces que reparten al mundo
las energías que van a los seres
que conviven en el mundo del agua.
Ojalá que los jazmines vencieran
a tanta mano empuñando pistolas.
Las palabras y los versos se acaban
y los jazmines de calles marchitan.
Ya no quedan esperanzas ni tiempo,
ni la esperanza aconseja más pausa.
de los pueblos de una Tierra de guerras.
Evitaban el contacto con ellas
unos hombres de cabezas sin ojos
y cerebros de soberbias idiotas.
Solitarias esperaban las flores
a que algunos se rajaran los párpados,
a que abrieran las narices al viento,
o que abrieran las orejas al verso.
Ojalá se derritieran los sesos
de los hombres de cabezas sin ojos,
de los hombres que no quieren los soles
ni las luces que reparten al mundo
la energía necesaria a los seres
que conviven en el mundo del agua.
Ojalá que los jazmines vencieran
a las manos que engatillan pistolas.
Las palabras y los versos se acaban.
Los jazmines de las calles marchitan.
Ya no quedan esperanzas ni tiempo.
*Tales endecasílabos son llamados no tradicionales, incluso muchos los niegan. Pero hay maestros, como Rubén Benítez, entre otros, que afirman "Que si tales metros se hubieran utilizado, hoy serían apreciados y reconocidos por el lector". Yo no lo dudo, yo los aprecio y reconozco; otra cosa es que no consiga con estos versos la belleza necesaria para ello. Se les saluda y agradece la visita.
*Para que sea de versos blancos una poesía no debe llevar rima alguna. En estos versos de mi autoría hay algunos con rima asonante, pero es fortuita. Quizá otros más capacitados que yo puedan reafirmar o negar lo aquí opinado.
La misma poesía pero mezclada con versos de base 4-7-10
Ocupaban los jazmines las calles
y las aceras de pueblos en guerras.
Evitaban el contacto con ellas
unos humanos de caras sin ojos
y cerebros de soberbios idiotas.
Solitarias esperaban las flores
a que los hombres rajaran sus párpados,
a que abrieran las narices al viento,
o que encararan orejas al verso.
Ojalá se derritieran los sesos
de los humanos de caras sin ojos,
de los hombres que no quieren los soles
ni las luces que reparten al mundo
las energías que van a los seres
que conviven en el mundo del agua.
Ojalá que los jazmines vencieran
a tanta mano empuñando pistolas.
Las palabras y los versos se acaban
y los jazmines de calles marchitan.
Ya no quedan esperanzas ni tiempo,
ni la esperanza aconseja más pausa.
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