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Eneas

Transito rutas de agonía
algo ligero de equipaje.
Tampoco luzco el sobrio traje
del luto que ameritaría.

Es que me ronda la jauría
de las memorias de un paisaje
donde tu falsedad salvaje
me devoraba día a día.

Con tantas fauces, sobra el duelo.
Con tanta baba en sus colmillos
se ahoga el bravo y el medroso.

Es un tumor sin escalpelo.
Es el despecho y dos anillos,
promesas rotas sin reposo.
 
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Sordo rumor.

Mi alma ya no tiene reposo.
Un hondo silencio se cuela.
Arroja la arena en estela
y el polvo me entierra en un pozo.

Extraño esa voz que vibraba
con dulce canción argentina
y mi alma de amor peregrina
en un vuelo de aves se alzaba.

Mas solo silencio se escucha,
sin timbre, sin tono, ni canto,
vacío, con vil desencanto.

Tan solo Abandono serrucha
monótonamente, sin prisa,
un sordo rumor que agoniza.
 
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Manoseando la "ceniza"
por ser palabra tan poética,
de tan manida pierde estética,
asemejándose a postiza
nube que asoma asustadiza
exagerándonos negrura.
El pleonasmo es la incultura
que, al iniciarnos, abusamos.
Y luego solo somos amos
de la humildad y la lectura.
 
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Brillo de perla.

¿Por qué está tu voz tan oscura?
Su brillo de perla no alumbra,
mi oído a tu voz no columbra
y mi alma se enfría. Amargura.

¿A dónde tu canto que arrulla?
¿Por qué de tu boca un suspiro
no alienta tu voz que es zafiro
y en brillos azules aúlla?

Las ondas me causan dolores,
no tienen de amor tu mensaje,
detesto su abrupto lenguaje.

Tu voz que es cadencia de amores,
que encanta con su tesitura
inocula en mi alma ternura.

Que ya no me dura
tu dulce caricia de perla,
se ha deshecho en sal al leerla.

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Es cultivar la madreperla
en la profundidad de intrigas.
“A una coraza hay que entenderla”,
me dije, “el ácido de hormigas

será mi vida al padecerla.”
Me vale más, de amor, sus migas
que este calvario de no verla,
de horas que son mis enemigas.

Quizá en su centro nácar es,
nunca la esfera blanca exacta
que sé que tiene en un rincón

de esos dos pechos bajo el bies.
Tal vez la perla muera intacta
cuando le llega una pasión.
 
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Intenso latido.

La siento en el fondo, pasión
me rompe la calma y suspiro
se eleva mi pecho en un giro
y aturde con su evolución.

Instante en intenso latido
vacío del tiempo sin pausa
la vida se rompe y se causa.
Abismo insondable, perdido.

Pasión, sensación voluptuosa
que causa adicción soberana.
Esclavos nos hace profana.

Es única, siempre reboza,
Acaba dejando su huella
y en noches alumbra su estrella.

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Última edición:
No puedo bajarte esa estrella.
Se filtran clichés si te veo.
En mí no verás un Berceo
y menos, cultor de botella
vacía, querida doncella
del barrio de sangre y misterio.
Tal vez, preferías un serio
magnate del tiempo medido.
Yo solo propongo estallido
de pieles a tu cautiverio.
 


Cautiverio.

Es tu dulce amor, cautiverio.
Llaga que palpita calor.
Es pulso que canta, temor.
Es mensaje oculto, misterio.

Es yugo que invade, esclaviza.
Encierro en tu voz, tu murmullo.
Es hambre de ti, del arrullo
que sopla tu boca rojiza.

En él yo me encierro gozosa
y el mundo que ruede, que importa.
Gozaré la vida, que es corta.

Tu amor, maravilla preciosa,
es joya que guardo en mi pecho.
Me convierto en flor, si te estrecho.

flor.jpg
 
Siempre cargo un lobo al acecho,
diente y baba, un odio ancestral,
y si escapa de mi morral,
a veces se esconde en mi pecho.
Lo tienta y corrompe, en cohecho
me roban un soplo de vida.
No dejo que escarben la herida,
mis venas son sabias en lides
de engaños, enconos y ardides
y al rato, se va a su guarida.
 
Última edición:
A veces me siento perdida,
navego sin sol de tu boca
y el frío mi espasmo provoca,
mas tira tu voz de mi brida

y un tierno calor en mi anida,
se cuela alegría y desboca
canción que parece de loca,
es que el balbuceo intimida.

Pues canto palabras dispersas
que quiero que sean de amores:
son besos de todos colores.

Me pasa si leo que versas
los versos que había perdido
a los que respondo: Querido.

 
Última edición:
Demasiado tiempo he perdido.
He labrado el rumbo del odio,
escalado el mísero podio
del que nace solo, y parido
en bastarda cuna y sin nido.
Como un perro, ladro rabioso,
de colmillo firme y celoso
de lo mío y tuyo en la vida.
Sufriré tu adiós, la partida,
como muerte de árbol añoso.
 
Se me quiebra en espejos.

Te busco y me huyes, ansioso.
Vas y hablas con otra, sonriente
los celos me clavan el diente
y fluye mi llanto arenoso.

La voz se me quiebra en espejos,
reflejan mis horas malditas,
proyectan mis más negras cuitas.
Puñales me clavan tus dejos.

Si quieres callarme, soy muda.
Te dejo tu sur, sus gaviotas
graznando las más dulces notas.

Al norte estaré con mi duda
bordando cristales de plata,
producen dolor que no mata.

Pues nada nos ata
tan solo el deseo del verso
que llena de luz mi universo.

 
Creció un pensamiento disperso,
tal vez de un recuerdo inmortal,
aquel de farol y arrabal
al verte desnuda en un verso.
Con viejas alcobas converso,
calmando memorias lascivas.
De muslo y saliva me privas,
distante en la foto que guardo.
Serán de malvones y un cardo
mis horas. Te esperan, cautivas.
 
Tu viento.

De tierna caricia me privas.
Tu ausencia es invierno del norte.
Tu viento sin silbo que corte
a mi ansia de noches que avivas.

El frío me cala los huesos
y tiemblo el temblor de tu ausencia.
No hay canto que lleve tu esencia,
tu cálida voz, ni tus besos.

Silencio, cristal que refleja
mirada en el hielo perdida,
quebrada en la luz desteñida.

Se cuaja en el aire mi queja
y suena con gris tintineo.
¿Tu viento? ni sordo siseo.
 
Última edición:
Al mirar tus pupilas, creo
que mi mente rompió el cristal
que escondía detrás la sal
de la vida que fantaseo.
Con mis yemas, tu pelo ondeo.
Prados de otoño en mis memorias
vestidos de aves migratorias
le añaden más deseo al tacto.
Arribo así al punto exacto
que es dios de las nocturnas glorias.
Notas:
1. Al recitarlo, realmente cuento nueve en el noveno verso (a_sí_al).
2. Sigo experimentando con las posibles compatibilidades rítmicas de la tabla que compartí hacia el final de las normas y que siguen siendo, a este punto, especulativas.
 
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Muro de hielo.

Son sordas presencias, euforias.
Son duros silencios, vacíos.
Son llanos los tiempos, los míos.
Tus ojos en sombras de norias.

Sus brillos me evaden silentes,
se enfocan a estrellas lejanas
a rojas gigantes y enanas.
La voz se te queda entre dientes.

La angustia sin silbo me duele,
sin ritmo, sin esa tonada,
que suave acaricia mi oído.

Mas nada provoca que vuele
el hálito tibio que horada
al muro de hielo en mi nido.

 
Poco les pido y he pedido;
vengo a ofrecer el corazón.
Es un emocional ciclón
ser testigo de un roto nido.
El sentido común ha ido
a los rincones de la ira.
Desde allí, temeroso mira
a dos muriendo en terquedades.
Vengo a decirles mis verdades,
porque el amor aún respira.
 
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Ofrendas de amor.

Tu canto circula en espira
me ronda el murmullo muy cerca
no sé si es abeja muy terca,
tu silbo en mi oído suspira.

Al fin tu caricia me toca
y siento vivir por tu canto,
le causa deshielo al quebranto,
la voz que florece en tu boca.

Tu boca que besa y murmura
que vierte sonrisas y cantos
y bebe de lágrimas llantos.

Tu boca que dice y que jura
ofrendas de amor tan eterno
ha dado calor a mi invierno.

 
Última edición:
Ayer miraba aquel cuaderno,
la cápsula de un tiempo azul
que sepultara en el baúl
con el que a veces me consterno.
Una foto amarilla, el tierno
verso en su lomo blanco y liso,
me trae el día en que no quiso
un dios civilizar tus alas.
Me quedaré con tus bengalas
hasta volver sin previo aviso.
 
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Brillos bermejos.

Sé que para ti no es preciso
escuchar mi voz, ver mi verso.
Es que tu interés es diverso,
mi canto ha perdido el hechizo.

No hay furia de trueno rotundo,
ni suave caricia estremece
el fino sentir que te mece
vibrando tu ser más profundo.

Te alejas, cometa viajero,
tu cauda refulge a lo lejos,
aun miro los brillos bermejos.

No puedo evitarlo, te espero.
Mas sé que esperar es amargo.
Disfruto del sueño el letargo.
 
En una nota de descargo
más que en un emotivo adiós,
me resumió lo que los dos
vivimos como en un letargo.
Un amor que por simple es largo,
arrutinado en las mañanas,
de sábanas ultralivianas
en libidos o historias locas.
"Con tu misiva no me tocas",
le dije, "y no es por estas canas."
 
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Tiemblan las hojas.

El sueño de amor que engalanas
con versos que enredas hilando
como un artesano, hilvanando,
en selvas, pasión de las lianas.

Es voz de salvaje, es un grito,
que invade el ambiente oscilando
y el aire se tiñe sembrando
mensajes de amor que yo incito.

Tu canto que vibra, resuena,
y tiemblan las hojas y zumban
arpegios y sones, retumban.

Tu canto comienza cadena
de voces que buscan calores
que sabes brindar con amores.

Son como flores
que llenan mi piel con aromas
de azahar, violetas y pomas.

hojas.jpg



 
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Hablamos fecundos idiomas
con ojos intensos ayer.
Ya ausentes, amamos sin ver.
Las lágrimas que, policromas,
me brotan si en sueños te asomas,
son solo vertientes de arena
viajera y fatal, la cadena
que priva de labios mi boca.
Su sal a mi lengua provoca
cual mar de una muerta sirena.
 
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Flores sedeñas.

Tu verso es alegre, me llena
y mi ánimo entonces te canta
y enciende fogata que espanta
al monstruo que el verso me frena.

La noche se llena de aromas
de flores de las madreselvas,
alegres de que me devuelvas
canciones de amor policromas.

Pues son como flores sedeñas
dispersas en campos que inventas
y a andarlos contigo me tientas.

Tus voces de mi alma son dueñas
pues halla en su canto el sosiego.
La abrasas en cálido fuego.
 
Última edición:
Me dijeron, “describe el ego”.
Estupefacto me quedé.
“Entiéndelo como un corsé",
dije, sacando de un talego
como ridículo labriego,
semillas de la tontería.
“Ciñe un corsé la teoría
distorsionada de mi ser,
y hay un espejo donde ver
bella silueta que no es mía.”
 
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Regalo de luz.

Tranquilo amanece mi día
no falta ni el sol ni su viento,
mas algo me falta, lo siento,
no logro elevar mi energía.

¿Será que tu ausencia me opaca?,
¿será que tu silbo no suena?,
no está tu canción que me llena
y de mi indolencia me saca.

No arranca el motor de mi mente,
le falta tu risa y tu canto
regalo de luz y de encanto.

Espero tu día reviente
de sol y de música alegre
y un ánimo fuerte te integre.

regalo-de-luz.jpg
 
Nos hace falta un cuento alegre,
de caballeros relucientes,
o de amazonas disidentes
para que no se desintegre

este despojo moribundo
de fieras y árboles, y humanos
que en las semillas de sus manos
germina el don de lo infecundo.
 
El sol de mi sino.

Me haces falta amor, pues me inundo
de ansia y soledad que corrompe.
Es honda sequía que rompe
esa frágil guía en que fundo

el ensueño alegre, florido
que viste mi día y me luce
cuando alegre voz me seduce
y le da a mi vida sentido.

Le da el equilibrio a mi barca
que con leve viento navega
y en mar de infortunio despliega

sus velas y enfrenta a la parca
que quiere orientar mi destino
mas tú eres el sol de mi sino

y eres el vino
que me anima el estro a cantar
y el resto del viaje gozar.

 
Última edición:
Todo colapsa en el lugar,
el tiempo y tu figura quieta,
en la ventana, cada grieta
de luz que asedia tu lunar.

No existe la quietud de un mar
capaz de simular la treta
de este silencio que es profeta
de la escritura para amar.

Te ves Olímpica en lo oscuro,
diosa perdida en un mortal,
vapor sagrado de un cristal

eterno que adorar procuro.
Así te veo en este umbral.
Mía, ilegítima, irreal.
 
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