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Manoseando la "ceniza" por ser palabra tan poética, de tan manida pierde estética, asemejándose a postiza nube que asoma asustadiza exagerándonos negrura. El pleonasmo es la incultura que, al iniciarnos, abusamos. Y luego solo somos amos de la humildad y la lectura.
No puedo bajarte esa estrella. Se filtran clichés si te veo. En mí no verás un Berceo y menos, cultor de botella vacía, querida doncella del barrio de sangre y misterio. Tal vez, preferías un serio magnate del tiempo medido. Yo solo propongo estallido de pieles a tu cautiverio.
Siempre cargo un lobo al acecho, diente y baba, un odio ancestral, y si escapa de mi morral, a veces se esconde en mi pecho. Lo tienta y corrompe, en cohecho me roban un soplo de vida. No dejo que escarben la herida, mis venas son sabias en lides de engaños, enconos y ardides y al rato, se va a su guarida.
Demasiado tiempo he perdido. He labrado el rumbo del odio, escalado el mísero podio del que nace solo, y parido en bastarda cuna y sin nido. Como un perro, ladro rabioso, de colmillo firme y celoso de lo mío y tuyo en la vida. Sufriré tu adiós, la partida, como muerte de árbol añoso.
Creció un pensamiento disperso, tal vez de un recuerdo inmortal, aquel de farol y arrabal al verte desnuda en un verso. Con viejas alcobas converso, calmando memorias lascivas. De muslo y saliva me privas, distante en la foto que guardo. Serán de malvones y un cardo mis horas. Te esperan, cautivas.
Al mirar tus pupilas, creo que mi mente rompió el cristal que escondía detrás la sal de la vida que fantaseo. Con mis yemas, tu pelo ondeo. Prados de otoño en mis memorias vestidos de aves migratorias le añaden más deseo al tacto. Arribo así al punto exacto que es dios de las nocturnas glorias.
Notas:
1. Al recitarlo, realmente cuento nueve en el noveno verso (a_sí_al).
2. Sigo experimentando con las posibles compatibilidades rítmicas de la tabla que compartí hacia el final de las normas y que siguen siendo, a este punto, especulativas.
Poco les pido y he pedido; vengo a ofrecer el corazón. Es un emocional ciclón ser testigo de un roto nido. El sentido común ha ido a los rincones de la ira. Desde allí, temeroso mira a dos muriendo en terquedades. Vengo a decirles mis verdades, porque el amor aún respira.
Ayer miraba aquel cuaderno, la cápsula de un tiempo azul que sepultara en el baúl con el que a veces me consterno. Una foto amarilla, el tierno verso en su lomo blanco y liso, me trae el día en que no quiso un dios civilizar tus alas. Me quedaré con tus bengalas hasta volver sin previo aviso.
En una nota de descargo más que en un emotivo adiós, me resumió lo que los dos vivimos como en un letargo. Un amor que por simple es largo, arrutinado en las mañanas, de sábanas ultralivianas en libidos o historias locas. "Con tu misiva no me tocas", le dije, "y no es por estas canas."
Hablamos fecundos idiomas con ojos intensos ayer. Ya ausentes, amamos sin ver. Las lágrimas que, policromas, me brotan si en sueños te asomas, son solo vertientes de arena viajera y fatal, la cadena que priva de labios mi boca. Su sal a mi lengua provoca cual mar de una muerta sirena.
Me dijeron, “describe el ego”. Estupefacto me quedé. “Entiéndelo como un corsé", dije, sacando de un talego como ridículo labriego, semillas de la tontería. “Ciñe un corsé la teoría distorsionada de mi ser, y hay un espejo donde ver bella silueta que no es mía.”