Zulma Martínez
Mar azul...
Un aire ebrio de belleza
se yergue en la marisma.
Altanero y soberano, flota
desde las entrañas de las sirenas
embotadas de leyendas y rocío.
El crepúsculo hiere las crestas de las olas,
las desgarra hasta perderlas
en las barcazas rotas.
Una brisa se desnuda
muda y fría... y triste
sobre los riscos de la playa.
Resignada, la noche se abraza
a un puerto abandonado,
acaricia un peñasco enmohecido,
desorienta a las últimas gaviotas.
Un llanto errático, inesperado
se hace lluvia vana
en los infértiles surcos del pasado.
Hay un perfume lejano,
un recuerdo,
un suspiro...
ente cenizas.
se yergue en la marisma.
Altanero y soberano, flota
desde las entrañas de las sirenas
embotadas de leyendas y rocío.
El crepúsculo hiere las crestas de las olas,
las desgarra hasta perderlas
en las barcazas rotas.
Una brisa se desnuda
muda y fría... y triste
sobre los riscos de la playa.
Resignada, la noche se abraza
a un puerto abandonado,
acaricia un peñasco enmohecido,
desorienta a las últimas gaviotas.
Un llanto errático, inesperado
se hace lluvia vana
en los infértiles surcos del pasado.
Hay un perfume lejano,
un recuerdo,
un suspiro...
ente cenizas.