Teo Moran
Poeta fiel al portal
Bajo el desnivel de los blancos almendros
el oleaje del mar sostiene a los corales
que caen y yerguen de nuestras miradas,
sus horas más hermosas y precipitadas
cuelgan de nuestros labios sedientos,
y en la espalda, al calor de nuestras manos,
también cuelgan de un volcánico latido
que resuena en la prisión de los abrazos.
En una tarde tal como si fuera ahora
me dejo llevar por tu febril recuerdo,
y de mis labios nace una feliz sonrisa
al llevarme a una pausa interminable
cuando sin prisa los dedos acarician
los pliegues secretos de nuestras almas,
como en el relieve de nuestra piel
construimos con nuestros besos dulces
el refugio de dos seres que ayer soñaron
y hoy en su sueño viven lejos del mundo.
¿Cómo devolver la felicidad prometida
si aún transito por aquel momento
y felizmente cuelgo de tus abrazos?
¿Cómo devolver los besos que un día me diste
si como ave fénix muero y vuelvo a nacer
en la hoguera de aquellos dulces labios?
Hoy es otra tarde silenciosa y apacible
donde el amor germina en los relicarios
y en las férreas notas de una condena,
las acaricias de los dedos buscan la piel
y los labios el roce más íntimo del alma.
El recuerdo prendido me lleva a tu boca
mientras detrás nuestro, el mundo encendido,
poco a poco se apaga entre las plataneras,
el acantilado sostiene a las golondrinas negras
que enamoradas dibujan poemas de amor,
y a lo lejos, el mar azul con su nacarada espuma,
bajo el desnivel de los blancos almendros,
se diluye en nuestros latidos dejando su ceniza.