Era un lunes cualquiera...
De esos que núnca quiso ser un martes.
Ella andaba aún presa del domingo,
recordando su cita inolvidable.
Caminaba en silencio,
con paso vacilante
y su esquiva mirada
resultaba distante.
Era un lunes cualquiera.
con la luna menguante.
Y un abril apacible
con su llovizna suave
se tornó de repente
tormentoso, implacable.
Cómplice de la lluvia,
empapada y triunfante,
miró al cielo y gritó
en tono desafiante:
Qué más da que sea lunes,
si hoy me siento exultante.
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