Carmen Vicente Gaspar
Poeta recién llegado
Éramos jóvenes
creíamos que todo era posible,
que el viento velaba nuestros años,
que la sed de cambio era un río
desbordando cauces y atajos.
Luchábamos cuerpo a cuerpo
contra la sombra y el engaño,
persiguiendo amaneceres
sobre horizontes incendiados.
Éramos jóvenes.
Y en nuestras manos latía
la certeza de los milagros,
la fe de quienes confunden
los sueños con los hechos claros.
Éramos jóvenes
Queríamos cambiar el mundo,
romper sus viejos candados,
dar voz a los olvidados,
abrir la luz paso a paso.
Éramos jóvenes
Pero ignorábamos entonces
lo que ya sabían en los siglos pasados:
que el poder nunca descansa,
que la ambición muda de rostro
sin mudar de pecado;
que tronos, imperios y dueños
han escrito la historia
con la tinta de los poderosos,
girando una y otra vez
el eje del mundo
hacia los mismos abismos
Eramos jóvenes…
creíamos que todo era posible,
que el viento velaba nuestros años,
que la sed de cambio era un río
desbordando cauces y atajos.
Luchábamos cuerpo a cuerpo
contra la sombra y el engaño,
persiguiendo amaneceres
sobre horizontes incendiados.
Éramos jóvenes.
Y en nuestras manos latía
la certeza de los milagros,
la fe de quienes confunden
los sueños con los hechos claros.
Éramos jóvenes
Queríamos cambiar el mundo,
romper sus viejos candados,
dar voz a los olvidados,
abrir la luz paso a paso.
Éramos jóvenes
Pero ignorábamos entonces
lo que ya sabían en los siglos pasados:
que el poder nunca descansa,
que la ambición muda de rostro
sin mudar de pecado;
que tronos, imperios y dueños
han escrito la historia
con la tinta de los poderosos,
girando una y otra vez
el eje del mundo
hacia los mismos abismos
Eramos jóvenes…