Old Soul
Poeta adicto al portal
Ella no gritaba mucho al hacer el amor, ella pegaba alaridos de alegría, ese era el problema. Y no era sólo que simplemente gritase durante todo el tiempo que duraban sus estruendosos coitos, sino que ponía toda la pasión en sus orgasmos, como si fuera a morir en cada uno ellos y quisiera aprovechar su último aliento, dando tales estremecedores gritos que, al principio de mudarse al pequeñísimo piso en que vivían, era habitual que la policía tocase en su puerta, alertados por los vecinos, quienes habían pensado lo peor.
Era algo que no podía controlar, algo que le nacía de su más puro instinto, de tal manera que, cuando él le tapaba la boca, ella sin querer ni pensar le mordía la mano en busca de exteriorizar sonoramente todo el placer que sentía. Y es que superaba su voluntad, no podía evitarlo.
Y así fue que, pasado el tiempo desde que se mudasen a su pequeño hogar, los vecinos, ya escandalizados al saber el origen de esos sobrecogedores sonidos, empezaron a quejarse hasta el punto de organizarse y demandarles. Demanda que llevó a una sentencia inaudita que sentó precedente pues la jueza, conocida por su crueles fallos producto de una vida sexual inexistente, les dio dos opciones, mudarse o dejar de hacer el amor en aquel piso.
Esto, cómo no, fue un conflicto para la pareja, ya que mudarse no era solución y el no poder hacer el amor era algo imposible de contemplar. Así que agudizaron su ingenio en busca de saciar su necesidad. Su primera opción fue un hotel pero, nada más empezar su característico canto amoroso, los empleados de seguridad del hotel abrieron con la llave maestra la puerta de su habitación, sin dejarles a penas tiempo de comenzar. Con lo que su frustración fue creciendo. Pero no aminoraron ni su intención ni su ingenio.
Así, un fin de semana, compraron un equipo de campaña y se fueron a una playa que pensaron recóndita, llegando de noche. Allí instalaron la caseta de campaña y, sin salir de ella, saciaron sus deseos retenidos durante toda la noche y parte de la mañana. Y hubieran seguido así si no fuera porque a media mañana un guardia civil, de forma brusca, les abrió la caseta, momento en que la pareja se dio cuenta de que la playa estaba llena de gente. Entre risas, el guardia civil les multó por acampar en zona prohibida y alterar el orden público.
Pese a éste nuevo revés de la vida, la pareja no abandonó su intento. Por lo que un día decidieron trazar un nuevo plan y fueron a hacer senderismo al monte. Allí se perdieron con su caseta, entre árboles y más árboles, e hicieron el amor desde el ocaso y durante toda la noche. Ella a pleno pulmón. Al llegar el día, aleccionados por el suceso de la playa, se marcharon presurosos y satisfechos. Con la intensión de repetir tal plan todos los fines de semana, cosa que por un largo tiempo hicieron.
Pero dicen que nada dura eternamente, así que, con la reiterada repetición de tal hacer por parte de la pareja, se corrió el rumor de que un alma en pena recorría aquel monte por las noches. Razón por lo que los amantes de lo paranormal se lanzaron a hacer pesquisas, descubriendo más de uno la verdad, frustrando y frustrándose al encontrar a la pareja. Por lo que esta decidió ir cambiando de monte. Así, sin querer hacerlo ni poder evitarlo, propagaron leyendas de ánimas atormentadas por todos esos lugares.
Por esa razón, para evitar las odiadas interrupciones de sus sonoros coitos, la pareja decidió probar también otros paisajes. Así encontraron el eco de los barrancos, algo que le fascinó a ella. Al retumbar sus amorosos gritos en un sinfín de repeticiones. Lamentablemente, como en los montes, los fanáticos de lo paranormal acudieron a investigar. Por lo que, buscando el eco, marcharon a la montaña a pesar de ser invierno.
Acampados en una montaña nevada, como no podía ser de otra manera, los amorosos alaridos de ella originaron un alud que los cercó. Y esperando al rescate, tras comunicarse por teléfono, ella, harta de su suerte, le dijo muy seriamente a él. Oye, mi amor. ¿Por qué no mejor vendemos el piso, compramos un barco y vivimos en él?.
Era algo que no podía controlar, algo que le nacía de su más puro instinto, de tal manera que, cuando él le tapaba la boca, ella sin querer ni pensar le mordía la mano en busca de exteriorizar sonoramente todo el placer que sentía. Y es que superaba su voluntad, no podía evitarlo.
Y así fue que, pasado el tiempo desde que se mudasen a su pequeño hogar, los vecinos, ya escandalizados al saber el origen de esos sobrecogedores sonidos, empezaron a quejarse hasta el punto de organizarse y demandarles. Demanda que llevó a una sentencia inaudita que sentó precedente pues la jueza, conocida por su crueles fallos producto de una vida sexual inexistente, les dio dos opciones, mudarse o dejar de hacer el amor en aquel piso.
Esto, cómo no, fue un conflicto para la pareja, ya que mudarse no era solución y el no poder hacer el amor era algo imposible de contemplar. Así que agudizaron su ingenio en busca de saciar su necesidad. Su primera opción fue un hotel pero, nada más empezar su característico canto amoroso, los empleados de seguridad del hotel abrieron con la llave maestra la puerta de su habitación, sin dejarles a penas tiempo de comenzar. Con lo que su frustración fue creciendo. Pero no aminoraron ni su intención ni su ingenio.
Así, un fin de semana, compraron un equipo de campaña y se fueron a una playa que pensaron recóndita, llegando de noche. Allí instalaron la caseta de campaña y, sin salir de ella, saciaron sus deseos retenidos durante toda la noche y parte de la mañana. Y hubieran seguido así si no fuera porque a media mañana un guardia civil, de forma brusca, les abrió la caseta, momento en que la pareja se dio cuenta de que la playa estaba llena de gente. Entre risas, el guardia civil les multó por acampar en zona prohibida y alterar el orden público.
Pese a éste nuevo revés de la vida, la pareja no abandonó su intento. Por lo que un día decidieron trazar un nuevo plan y fueron a hacer senderismo al monte. Allí se perdieron con su caseta, entre árboles y más árboles, e hicieron el amor desde el ocaso y durante toda la noche. Ella a pleno pulmón. Al llegar el día, aleccionados por el suceso de la playa, se marcharon presurosos y satisfechos. Con la intensión de repetir tal plan todos los fines de semana, cosa que por un largo tiempo hicieron.
Pero dicen que nada dura eternamente, así que, con la reiterada repetición de tal hacer por parte de la pareja, se corrió el rumor de que un alma en pena recorría aquel monte por las noches. Razón por lo que los amantes de lo paranormal se lanzaron a hacer pesquisas, descubriendo más de uno la verdad, frustrando y frustrándose al encontrar a la pareja. Por lo que esta decidió ir cambiando de monte. Así, sin querer hacerlo ni poder evitarlo, propagaron leyendas de ánimas atormentadas por todos esos lugares.
Por esa razón, para evitar las odiadas interrupciones de sus sonoros coitos, la pareja decidió probar también otros paisajes. Así encontraron el eco de los barrancos, algo que le fascinó a ella. Al retumbar sus amorosos gritos en un sinfín de repeticiones. Lamentablemente, como en los montes, los fanáticos de lo paranormal acudieron a investigar. Por lo que, buscando el eco, marcharon a la montaña a pesar de ser invierno.
Acampados en una montaña nevada, como no podía ser de otra manera, los amorosos alaridos de ella originaron un alud que los cercó. Y esperando al rescate, tras comunicarse por teléfono, ella, harta de su suerte, le dijo muy seriamente a él. Oye, mi amor. ¿Por qué no mejor vendemos el piso, compramos un barco y vivimos en él?.