No es suave la brisa que sopla en tu jardín,
mas bien es huracán de agosto
que se goza en sacudir las cimientes
empapándolo todo, como un río
que arrastra en su corriente cada piedra
en un viaje sin retorno.
Vocación de loco sueles decir
y en un gesto que presumo complacido
te sonríes grande como un niño,
como el eco del alma que preside tu tiempo,
aunque tú lo niegues siempre.
Así de pronto, en un relámpago
que abarca el universo, retorna el genio
la bravura del temporal agrieta la memoria
donde has sembrado tus nostalgias
que claman por refugio,
por ese abrazo de eternidad que las sostenga.
Todo llega a la hora justa,
como la madrugada que despierta el mundo
desde el bostezo de la noche,
y te levantas, desnudo y frágil
mientras se tiñe de luz
el último rescoldo de esperanza
que tercamente escondes.
Entonces la ternura se disfraza de tu voz
y yo me sumerjo en la placidez del agua
donde dibujas tu rostro
hasta pronunciarme.
Ana Mercedes Villalobos