Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
Cada mañana un tipejo
de ancianidad galopante,
me abre en canal cual purgante
desde detrás del espejo.
Es un engendro unicejo
con la expresión de un mutante;
ni en los infiernos de Dante
viérase un ser más dantesco,
cutre, insociable, grotesco,
descomunal y aberrante.
Su irregular superficie
rinde a la arruga homenaje;
en las orejas pelaje,
sobre el cerebro calvicie.
Es una enclenque molicie
de ácaros, sebo y solaje;
un sepulcral personaje
de paleolítico aspecto
donde, si queda algo recto,
son cuatro huesos de herraje.
A mí la Virgen María,
el Cristo y todos los santos;
¿por qué los años son tantos
y corren más cada día?
¿Por qué se va la alegría
y a cambio llegan quebrantos?
qué vida efímera y cuántos
problemas; cuánto delirio
para, al final del martirio,
reforestar camposantos…
de ancianidad galopante,
me abre en canal cual purgante
desde detrás del espejo.
Es un engendro unicejo
con la expresión de un mutante;
ni en los infiernos de Dante
viérase un ser más dantesco,
cutre, insociable, grotesco,
descomunal y aberrante.
Su irregular superficie
rinde a la arruga homenaje;
en las orejas pelaje,
sobre el cerebro calvicie.
Es una enclenque molicie
de ácaros, sebo y solaje;
un sepulcral personaje
de paleolítico aspecto
donde, si queda algo recto,
son cuatro huesos de herraje.
A mí la Virgen María,
el Cristo y todos los santos;
¿por qué los años son tantos
y corren más cada día?
¿Por qué se va la alegría
y a cambio llegan quebrantos?
qué vida efímera y cuántos
problemas; cuánto delirio
para, al final del martirio,
reforestar camposantos…