Évano
Libre, sin dioses.
Ahora, desde más allá de la montaña toda,
desde esta isla de labios besando al desierto,
sé que los pueblos de la Iberia mía
son rencores, vejez y silencios.
Marcharon las alegres juventudes
con sus penas, algaradas y algarabías.
Queda Iberia como este Sahara de enfrente mío,
donde vine para ser la soledad
que deambulaba por interiores inmensos.
Pero encontré a la soledad de la Tierra toda,
donde basta ver al mundo dejarse morir.
Como esos castillos y leones que agonizan:
moribundos seres dando vueltas entre piedras
y palos que lanzan las periferias egoístas.
Aún así absorbo, dócil y manso,
las otras formas de este planeta líquido.
También caminan los esqueletos y los huesos
entre las dunas de la no abundancia de la vida.
desde esta isla de labios besando al desierto,
sé que los pueblos de la Iberia mía
son rencores, vejez y silencios.
Marcharon las alegres juventudes
con sus penas, algaradas y algarabías.
Queda Iberia como este Sahara de enfrente mío,
donde vine para ser la soledad
que deambulaba por interiores inmensos.
Pero encontré a la soledad de la Tierra toda,
donde basta ver al mundo dejarse morir.
Como esos castillos y leones que agonizan:
moribundos seres dando vueltas entre piedras
y palos que lanzan las periferias egoístas.
Aún así absorbo, dócil y manso,
las otras formas de este planeta líquido.
También caminan los esqueletos y los huesos
entre las dunas de la no abundancia de la vida.
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