España desde Fuerteventura

Évano

Libre, sin dioses.
Ahora, desde más allá de la montaña toda,
desde esta isla de labios besando al desierto,
sé que los pueblos de la Iberia mía
son rencores, vejez y silencios.

Marcharon las alegres juventudes
con sus penas, algaradas y algarabías.

Queda Iberia como este Sahara de enfrente mío,
donde vine para ser la soledad
que deambulaba por interiores inmensos.

Pero encontré a la soledad de la Tierra toda,
donde basta ver al mundo dejarse morir.
Como esos castillos y leones que agonizan:
moribundos seres dando vueltas entre piedras
y palos que lanzan las periferias egoístas.

Aún así absorbo, dócil y manso,
las otras formas de este planeta líquido.

También caminan los esqueletos y los huesos
entre las dunas de la no abundancia de la vida.
 
Última edición:
Cómo he disfrutado perdiendome en la montaña de Fuerteventura y tocando las nubes con los dedos donde sólo las cabras te acompañan, ellas... y la inmensidad del silencio que se respira. Y allí bajo tus pies las dunas en intensa actividad y el azul que las baña. Un cuento.

Gracias por los recuerdos Évano.

Saludos

Palmira
 
Bella tierra sin duda, para mi un lugar tan profuso para el alma como árida es su piel. Un lugar donde el azul del cielo y el dorado de sus arenas surten de belleza a un mar bravío por barlovento y dócil por sotavento. He tenido la suerte de conocerla y espero seguir disfrutando de ella. Gran poesía.
 
Si que en verdad es muy cierto
que hay un enorme desierto
como una gran amenaza;
Hay un cielo siempre abierto
que nos evita esa caza
que a veces nos atenaza.
Rememos pues mar adentro
y evitemos ser el centro.
Saludos
 

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