Y porque lo interiorizamos más:
los afluentes del dolor, el paso por las edades viejas,
los calendarios con sus espejos escarchados…
porque guardamos un rincón de mares cálidos,
la sombra de un piano por las espesuras,
el porqué de una nube que se eleva en rebeldía,
un abanico de oscuridades sutiles…
y porque lo sublime se reparte haciendo su trabajo…
y porque hervía el ocaso entre algo alquitranado e indefinible;
porque me siento de nuevo como una cebolla a estrangular…
y el consuelo apacigua a racimos, los jardines con sus caminos correctos…
y siempre nos quedará el espíritu.