Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Estás en mí,
como y o en ti,
en este cuerpo habitado y deshabitado,
en cada paso andado y desandado,
en el ayer, en el ahora y en el mañana.
Estás en lo hecho, y en lo que está por hacerse,
en las palabras pronunciadas y, también,
en las calladas,
en los aciertos y desaciertos,
en los dolores y alegrías.
En la voz que habla, y también,
en los largos silencios,
en las alegrías y tristezas,
en las promesas rotas y, también,
en las cumplidas.
En los pasos andados y desandados,
en los pensamientos que pasaron
y que hora se sienten.
Estás en mi …
Estás en mi,
cuando mi cuerpo
al lecho cae enfermo,
y cuando la salud
anuncia que se
ha ganado la batalla.
En el dolor y la tristeza,
en las efímeras alegrías
que tocan la puerta
y antes de abrirla se marchan.
Estás en mí en la primavera,
el otoño, el verano y la primavera,
estás en mí en los pasos
andados y desandados.
En la memoria, el recuerdo,
el llanto y la risa sincera,
estás en mí en las cosas que
habitan con aroma de ti.
Estas en mí, como yo en ti,
en este infinito universo
que se hizo eterno
pensado en ti.
Estás en mí, en lo pensado,
en lo real y mágico
de las pequeñas
y grandes cosas,
en lo lógico y disparatado.
¿Acaso en una gota de agua,
en el grano de azúcar o de arroz,
en la escama de una abeja,
en la semilla de sésamo,
en la flor que se abre con la aurora,
y se cierra al llegar el crepúsculo?
En la hoja que cae en el atardecer
cuando se despide el día,
en la semilla que se abre
a la vida, y también,
en la que nunca germina.
En el pan que
se hornea cada mañana,
en la sangre que circula,
en la criatura que
abre el cascaron a la vida
al despuntar el día.
Estás en mi en el aroma
café o chocolate,
en la brisa al caer la tarde.
En el movimiento que
anuncia la vida o la muerte,
la paz, o la guerra,
lo que será
y nunca podrá ser.
Estas en mi
de lunes
a domingo,
como el pan
que abraza el trigo .
Estás en mí, como yo en ti
en todo lo creado,
y lo que está por crearse.
Estas en mi, habitando
el cuerpo amado,
el cuerpo que necesita
en las noches ser mimado,
y sus músculos y huesos ser tibiados.
Estás en mí, como yo en ti...
Porque has trascendido
la forma y el tiempo,
porque simplemente,
estás en mí, como yo en ti,
y yo en ti, como tú en mí.
… Y yo en ti, como tú en mí.
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