Evocación.
Aun me queda el sabor de aquel beso que nos dimos
y la luz se oculta al horizonte en velo.
Yo no hablé de ese mar,
pues no creí y nunca dije
que la vida tuviera otro linde
que ese místico umbral
del palpitar del cuerpo
por el que la misma fluye.
Y tampoco pensé
que ese más allá,
soslayado e impreciso,
pero tan deseado.
fuera un beso.
Yo no hablé de ese mar...
de sus abismos, cantos y tormentas.
Callé, cerré mi alma,
guarde el grito clandestino,
pues nunca supe y ni siquiera
imaginé la arena de su playa
o sus olas ceñidas a mi pecho,
u otras estrellándose en la piedra.
Y si...
me callé sobre lo inmenso
que es el mar de tu morada,
pues silencioso me quedé pensando
con intensidad fieramente apasionada,
en el dolor de mi carne insatisfecha
prisionera del ansia y de sus cauces
que reclaman nuevamente
la tierna desnudez de un beso.
¿Porque sabes?
Aun me queda el sabor de aquel beso que nos dimos
y la luz se oculta al horizonte en velo.
Aun me queda el sabor de aquel beso que nos dimos
y la luz se oculta al horizonte en velo.
Yo no hablé de ese mar,
pues no creí y nunca dije
que la vida tuviera otro linde
que ese místico umbral
del palpitar del cuerpo
por el que la misma fluye.
Y tampoco pensé
que ese más allá,
soslayado e impreciso,
pero tan deseado.
fuera un beso.
Yo no hablé de ese mar...
de sus abismos, cantos y tormentas.
Callé, cerré mi alma,
guarde el grito clandestino,
pues nunca supe y ni siquiera
imaginé la arena de su playa
o sus olas ceñidas a mi pecho,
u otras estrellándose en la piedra.
Y si...
me callé sobre lo inmenso
que es el mar de tu morada,
pues silencioso me quedé pensando
con intensidad fieramente apasionada,
en el dolor de mi carne insatisfecha
prisionera del ansia y de sus cauces
que reclaman nuevamente
la tierna desnudez de un beso.
¿Porque sabes?
Aun me queda el sabor de aquel beso que nos dimos
y la luz se oculta al horizonte en velo.
::
::